By Yudith Madrazp Sosa
Innumerables puertas se alzan en el recorrido de nuestra existencia. Unas se

Tamara, hoy una joven de 18 años, vive feliz en el Hogar de Niños sin Amparo Familiar. La foto fue tomada en 2006.
hallan abiertas, francas, en clara invitación a continuar viaje hacia el lugar deseado. Otras se cierran con hermetismo, mas casi siempre sabe el peregrino cómo y dónde hallar la llave que la hace ceder. El desconcierto aparece, en cambio, cuando encuentra puertas entreabiertas: no del todo cerradas, no del todo accesibles. ¿Pasar sin medir las consecuencias? ¿Esperar por un permiso? Difícil resulta decidir.
Así ocurre con frecuencia a los profesionales de la Prensa. En no pocas ocasiones nuestro intento por acceder a ciertas fuentes de información se ve obstaculizado por algunos de tales pórticos.
“Ustedes no tienen las puertas cerradas. Pueden venir y hacer su trabajo, solo necesitan solicitar un permiso a la dirección provincial de Educación”. Con tal frase justificó, hace poco, la directora del Hogar de Niños sin Amparo Familiar su negativa al acceso de periodistas al centro. Habíamos llegado para dar cobertura a un encuentro coordinado allí por la FMC en ocasión del Día Internacional de las Familias. More





