Naturalidad y gentileza de un hombre de éxito


Había imaginado a un hombre serio, circunspecto, de difícil acceso. Pero la breve charla telefónica me anticipó lo que luego descubriría al conversar con él en persona: el rigor y la consagración propios de un investigador y profesor distinguido no desplazan la sencillez y la jocosidad en el Doctor en Ciencias Rafael Antonio Goitizolo Espinosa.

Repaso su hoja de vida. La admiración y el asombro crecen en mí ante cuánto ha cosechado a lo largo de casi medio siglo volcado sobre la gratificante tarea de guiar a varias generaciones de jóvenes por el camino que un día él decidió transitar: la Ingeniería Mecánica. Saberlo galardonado con la Orden Lázaro Peña de III Grado me motivó a abordarlo en una entrevista, y al hurgar en los acontecimientos que antecedieron a tal Distinción, descubrí en él a un cienfueguero rico en éxitos y anécdotas, si bien dotado de la naturalidad y la gentileza de quien no persigue la vanagloria.

”Comencé a estudiar tras el triunfo de la Revolución, en la Universidad Central de las Villas (UCLV), cuando muchos profesores de mi especialidad habían decidido marcharse del país. Debido a ello, a partir del segundo curso tuve que asumir la labor docente, con sólo 19 años. Luego, fui ascendiendo por todas las categorías, desde Alumno Ayudante hasta Profesor no graduado Clase C, B, A. Ya en cuarto impartía tres asignaturas, y dada esa carga, muchas materias las vencí sin asistir a clases”, rememora Goitizolo su génesis como educador.

El diálogo se mueve entre la espontaneidad y la franqueza. Así aflora su temprana incursión en el apasionante mundo de la investigación, su labor como vicerrector de esa rama en la UCLV, la organización del Primer Congreso Científico de Construcción de Maquinarias en Cuba y otras acciones que desembocaron  en un mar de buenos resultados y varias publicaciones científicas.

Miembro de la Asociación de Pedagogos de Cuba, en su atestado cofre de galardones atesora Goitizolo el de Educador del siglo XX en Cuba, conferido a una selecta nómina de personalidades de la Isla.

“Yo digo que no soy pedagogo, sino sólo un profesor de Ingeniería. En mi opinión a ellos los distinguen cualidades no presentes en mí. No sé….quizás sea la percepción que tengo de mí mismo. He tenido éxitos enseñando, sí. Y si estoy en ese registro lo debo a la madre de un alumno, quien entendió yo debía aparecer ahí. De ella partió la idea y me preparó el expediente”.

   “La educación es como un árbol: se siembra una semilla y se abre en muchas ramas. Sea la gratitud del pueblo que se educa el árbol protector, en las tempestades y las lluvias, de los hombres que hoy les hacen tanto bien. Hombres recogerá quien siembre escuelas”. La frase de José Martí acude a mi mente mientras escucho a Goitizolo, a cuyos ojos asoma la emoción nacida de saberse respetado, admirado y recordado por varias generaciones de pupilos.

“Siempre llevo a mis estudiantes a la práctica ingeniera, me caracterizo por eso. No enseño teoría, sino asignaturas prácticas e incluso, algunas creadas por mí. He tenido cuatro premios de la Academia de Ciencias, pero uno de los más sobresalientes fue por el Análisis y Solución de Averías de Sistemas Mecánicos, en el cual he trabajado a lo largo de casi tres décadas. El resultado de todas esa labor la recopilé en un libro de texto –llamado Gestión de Vida-convertido en asignatura, la cual imparto en cursos de diplomados y maestrías en diferentes centros de enseñanza superior en el extranjero.

“El año pasado se incluyó en el pregrado de la especialidad aquí en la Universidad de Cienfuegos, donde laboro, el único centro cubano donde los estudiantes reciben dicha materia.”

Entre tantos premios y distinciones ¿qué significado le asigna a la Orden Lázaro Peña de III Grado?

“Para cualquier cubano representa un honor, pues constituye una de las más altas conferidas por la CTC, a sólo dos pasos del título de Héroe del Trabajo. Recibirla es una inestimable reconocimiento”.

¿Cómo valora la incorporación de los jóvenes cubanos a carreras técnicas?

  “En mi opinión, existe aquí un problema de motivación. Los muchachos se interesan por otras especialidades vinculadas, por ejemplo, al turismo o a otros puestos mejor remunerados”.

Usted ha viajado por varios países e impartido en prestigiosas universidades de México, Brasil, donde le han propuesto quedarse. ¿Qué le ha hecho volver?     “Mi amor por mi país, mi Universidad, mi profesión…(un nudo le cierra la garganta). Creo no me adaptaría a trabajar de forma permanente fuera de Cuba. Aquí nací, aquí me formé, a esta nación me debo”.

¿Cuál considera su mayor galardón?

“Hay dos que guardo con especial cariño. El primero es un diploma, entregado por mis alumnos graduados en 1973, con quienes compartí muchas vivencias. Al cumplirse los 30 años de su egreso –algunos de ellos ya viceministros, directores de empresas e instituciones- se reunieron y extendieron a Aníbal Borroto y a mí esos certificados. Resultó harto gratificante, devino muestra de la huella que como educadores dejamos en ellos.

”El otro es el título de Profesor de Mérito de la Universidad de Cienfuegos, recibida en 2009 con motivo del aniversario 30 de esta institución. Llegó en un momento muy importante y me enorgullece sobremanera”.

En su opinión, ¿cómo debe ser el trabajador demandado en la circunstancia actual de la Isla?

“Alguien intransigente con lo mal hecho y apegado a la consagración. Claro, para ello necesita estar motivado y sentir amor por su oficio o profesión”.

Consecuente con tal principio, deshojas sus días Rafael Goitizolo Espinosa, este ingeniero nacido en Cienfuegos para beneplácito de la Educación y la Ciencia en Cuba.

 

 

 

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