Las huellas de una epidemia invisible


By Yudith Madrazo Sosa

La violencia hacia la mujer es consierada una epidemia invisible

  “No estás sola. Solicita ayuda. La legislación te ampara; la sociedad también”. Tales frases deberían causar un efecto consolador cuando una mujer despierta tras la pesadilla de haber sido víctima de un acto de violencia. Mas no bastan. Porque junto a la palabra solidaria ella necesita asirse a la comprensión de que el fenómeno no forma parte del natural desencadenamiento de las relaciones humanas y que una nueva aurora puede aparecer luego del vendaval.

  Aunque abordado con profusión en diversas plataformas, el flagelo persiste cual una amenaza a la integridad física y la estabilidad emocional de no pocas jóvenes y adultas. Tan sólo un vistazo a las estadísticas recopiladas a escala mundial nos situaría ante su grave impacto sobre miles de mujeres en todas las latitudes. Cuba y, por consiguiente, Cienfuegos no quedan exentas de esos tropiezos en las interacciones personales.

  Como sabemos, resultan notorios los avances de las nacidas enla Islaen indicadores fundamentales de desarrollo humano. Aun así, existen casos de violencia intrafamiliar que requieren la atención de diferentes actores sociales. Claro, aquí el fenómeno no alcanza la envergadura de otras regiones del mundo.

  Los cambios en la subjetividad de las personas -coincidirá usted conmigo- no marchan con el mismo ritmo de las transformaciones sociales. Todavía persisten actitudes sexistas y machistas. Ello explica cómo, no obstante gozar las cubanas de derechos y garantías constitucionales para su emancipación y desarrollo pleno, en no pocos hogares eternizan desiguales relaciones de poder dominadas por el hombre, las cuales imponen a ellas un rol de subordinación.

  De tal suerte, al abordar la violencia contra la mujer uno de los principales rasgos percibidos por los especialistas estriba en la resignación de las perjudicadas. Unas, se sienten merecedoras del castigo; otras, ven al abuso, bien físico, verbal o psicológico, como un componente natural del vínculo matrimonial.

  “La conducta violenta se aprende y reproduce. Nadie nace con esa característica. Hay evidencias científicas de cómo cuando un niño o adolescente crece bajo el influjo de este comportamiento lo traslada luego a su vida adulta”, afirma Perla Delgado Valle, jefa del departamento de Protección de los Derechos Ciudadanos en la sede provincial dela FiscalíaGeneraldela República.

  Según la jurista, en los últimos tiemposla Perladel Sur ha registrado numerosos delitos contra las féminas, cuyas tipicidades van desde las lesiones, la coacción y la amenaza hasta la tentativa de asesinato. No son pocos los crímenes pasionales procesados aquí con el triste saldo de la muerte de la víctima.

  “Yo he atendido casos de mujeres que han sido lesionadas por el sólo hecho de intentar romper con sus parejas. También recuerdo el de la señora que durante 25 años fue objeto de los más insospechados maltratos por parte del esposo, quien comenzó con la presión y psicológica y luego llegó hasta a encerrarla y intimarla de acabar con su vida si ella se atrevía a denunciarlo”, ilustra la fiscal.

  Tales ejemplos nos hablan de las consecuencias físicas y sexuales unidas a los trastornos psicológicos y emocionales provocados por ese fenómeno, reñido con los principios de equidad sobre los cuales se asienta la sociedad cubana. Dada su envergadura, a nivel mundial lo consideran un problema de salud, calificado en varias naciones cual una epidemia invisible debido al clima de oscuridad y silencio que la circunda.

  Por cotidiana, la violencia se hace casi imperceptible, despersonalizada y desprovista del espacio correspondiente en nuestra conciencia individual y colectiva. No por fallar en reconocerla dejará de existir. Se impone abordarla como realidad transformable a partir de la acción de diferentes actores sociales.

  Ante esta situación, resulta imperativo para las víctimas buscar apoyo y orientación especializada, disponibles, por ejemplo, en las Casas de Orientación ala Mujeryla Familiadela Federaciónde Mujeres Cubanas. Asistidas por esas herramientas podrán dar el primer paso para recuperar su autoestima y borrar -del cuerpo y del alma- las huellas de su azote.

 

 

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