Con la carga del transporte a cuestas


By Yudith Madrazo Sosa

Transporte Cienfuegos
Ómnibus de apoyo al transporte urbano en Cienfuegos

“El problema del transporte aquí se agrava porque los choferes cubanos no paran”. Aunque reconocía su validez, la observación tuvo el impacto de una bofetada, por provenir de un ciudadano portugués residente en Cienfuegos. En uno de sus habituales viajes desde esta ciudad hacia La Habana, él había compartido su automóvil con tres agotadas “botelleras” y, como resulta lógico en alguien sensibilizado con los acuciantes problemas del cubano común, el tema afloró durante la conversación.

Por desventura le asiste razón al lusitano. No son pocos los nombres con los que podría llenarse la nómina de conductores indiferentes a los apremios ajenos, esos cuya actitud hace pensar que viven en coordenadas espacio-temporales bien diferentes a la de sus coterráneos.

Unos permanecen inalterables al volante, sin reparar en quienes aguardan a la vera de las carreteras con el brazo derecho extendido en inconfundible señal de auxilio. A otros, sólo les “mueve la butaca” percibir entre los dedos del posible pasajero un billete, en dependencia de cuya denominación se activan o no los frenos. De tanto presenciarla la práctica ya no asombra a quienes día tras día padecen las precariedades de la transportación en el país, pero duele y estresa.

Si bien es cierto que el sistema de transporte público ha registrado alguna mejoría, todavía las luces no alcanzan a disipar las nieblas que lo envuelven, mucho más densas ahora que a los efectos del bloqueo sobre el sector se añade el impacto de la crisis económica y financiera global.

Los avances en esta importante esfera económica y social, aún no logran los niveles de eficacia y perdurabilidad necesarios para satisfacer las demandas de la población, en especial la de los territorios alejados de la ciudad. Y mientras aparecen otras soluciones, a muchas personas toca sortear mil y un escollos para trasladarse hasta centros hospitalarios, laborales, estudiantiles o la casa de un familiar.

La instauración de puntos de embarque, desde su instauración en los años más duros del Período Especial, ha servido de atenuante a la situación, pero no basta para curar el mal. Pues los avatares de la realidad rebasan las buenas intensiones.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), durante 2009 más de 886 mil pasajeros en Cuba se trasladaron por medios alternativos, guaguas de centros de trabajo o vehículos pertenecientes al turismo. Aunque significativa, la cifra resulta menor a la del año anterior por el incremento de los ómnibus urbanos, sobre todo en la capital del país. Sin embargo, la ONE también ubica a Cienfuegos dentro del conjunto de provincias donde los puntos de embarque continúan con la primacía en la movilidad de viajeros.

Tal hecho ofrece evidencias de cuántas esperanzas suscitan los servicios de los nombrados “amarillos” a los ciudadanos de a pie. Pero aquéllos, no importa cuán grande el esfuerzo, poco pueden lograr ante los choferes indolentes, los que se valen de las más inverosímiles argucias para no recoger a nadie: declaran destinos falsos, ocupan asientos con maletines (aun contando con maleteros), dejan en plancha a los camiones, o alegan sus vehículos ya van “alquilados” o “fletados” por… ¿acaso extraterrestres a quienes está prohibido rozarse con terráqueos?

El otorgamiento de licencias operativas a propietarios de autos y camiones oxigenó un tanto al sofocado sistema de traslado de pasajeros. Pero lo que debería ser un servicio grato y hasta de excelencia se opaca en ocasiones por la incongruencia en el actuar de algunos individuos.

Hablo, por ejemplo, de ciertos conductores que alteran a su conveniencia las tarifas de precio, encareciéndolo en días y horas de mayor demanda; o cambian su ruta tradicional en pos de mejores beneficios. ¿A quién acudir entonces? ¿El hecho de regirse por la ley de oferta y demanda otorga permiso para tal proceder? ¿Dónde queda el respeto al consumidor, en este caso el pasajero? Tales agravios añaden una carga más al cienfueguero, sobre todo durante sus viajes hacia los municipios y zonas rurales.

Sabemos las condiciones económicas actuales de la Isla reducen su capacidad de continuar la reanimación de este sector, el cual junto a la alimentación y la vivienda componen los puntos neurálgicos de nuestra sociedad. Pero así como la producción de alimentos constituye un problema de seguridad nacional, la implementación de servicios de transporte sostenibles debe acaparar también la mayor atención, pues ello contribuye a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

En mi opinión, hacia esa cartera han de dirigirse algunos de los más profundos cambios estructurales a los que hizo alusión el presidente del Consejo de Estados y de Ministros Raúl Castro Ruz, en su discurso del 26 de Julio de 2007.

Mientras tanto no queda más alternativa que la solidaridad, la toma de conciencia. En tiempos difíciles la ayuda mutua deviene un recurso fundamental para aligerarnos la carga y hacer más llevadera nuestra existencia.

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