¿Me gusta hablar Español?


By Yudith Madrazo Sosa

Frases inherentes hoy al habla coloquial de los jóvenes, no discurren inadvertidas ante los oídos de quienes se preocupan por la buena salud del Castellano

Allá por los años ’80, una guaracha de la autoría y en la voz del cantante Pedro Luis Ferrer se difundía por las emisoras de radio nacionales y alertaba sobre el ya palpable deterioro de la lengua castellana en Cuba. “Ay, qué felicidad, ¡cómo me gusta hablar Español!”, repetía el estribillo de aquella pieza: una invitación a depurar el idioma o, al menos, detener su desaliño.

Frases inherentes hoy al habla coloquial de los jóvenes, no discurren inadvertidas ante los oídos de quienes se preocupan por la buena salud del Castellano, esa lengua heredada por los latinoamericanos merced de los viajes de colonización patrocinados y alentados por los reyes de Castilla y Aragón, y propiciadores del encuentro del viejo continente y éste, para ellos, nuevo mundo.

Expresiones tales: “¡Estoy entre tres y dos!”; “¡Ñoo, está escapa’o!”; “Se te quemó el disco duro, ¿eh?; Tiene tremenda percha; Déjate de mareo”, por citar sólo algunas, se escuchan a diario y pulsan el botón de alarma ante lingüistas y otros especialistas, quienes se preguntan: ¿qué está pasando con el Español?

De cierto, la lengua, lejos de permanecer estática, evoluciona hacia formas diferentes de expresión, se enriquece con la inventiva popular y la importación de vocablos de otras. Pero quienes de bebés balbuceamos el idioma de Cervantes, el escritor que lo dignificara hasta lo sumo, contamos con la fortaleza de un idioma rico, musical, flexible y abierto. ¿No bastan esos dones para querer defenderlo?

No necesitamos ser puristas para percatarnos de la necesidad de abogar por la integridad del Castellano, parlado por más de 400 millones de personas en el orbe y que permite atravesar 23 países sin cambiar de lengua. Sobre él, pende la amenaza de la diversidad, la introducción de nuevas tecnologías, el empobrecimiento cultural y hasta la competencia del Inglés, pues con frecuencia los hispanohablantes usamos vocablos anglosajones en menoscabo de los ya existentes en nuestra propia habla.

Los cubanos nos hemos ganado la fama de asestarle duros golpes al Español, deformarlo y hasta amenazarlo de perder el destello que conmovió a cierta persona a considerarlo la lengua ideal para hablar a Dios.

“El lenguaje en Cuba se ha vulgarizado de una manera atroz y esa es una pérdida que me parece más grave que los problemas de pronunciación o de otro tipo. Es un empobrecimiento tremendo del léxico, rebajarlo de una manera soez, vergonzosa en muchos casos, que se ha instaurado dentro de la lengua coloquial y dentro de la lengua que se habla en los espacios públicos”, advirtió la lingüista cubana Luisa Campuzano, ganadora del premio nacional de la Latinidad 2003.

Muchos jóvenes son portadores de formas de expresión que de no tomarlas con mesura podrían deslucir el idioma bajo cuya sombra han nacido. Sin embargo, tal fenómeno puede  considerarse inherente a la inevitable evolución y transformación del lenguaje. En su momento, cada grupo social, especialmente el de menos años, incorpora a su código lingüístico una jerga o una manera de decir peculiar.

Lo preocupante de esto es el desconocimiento, la incultura, la incapacidad de discernir los límites entre las expresiones propias de un sector en una época dada y la conservación del idioma. Éste constituye uno de los mayores patrimonios de la identidad hispana, de ahí la insistencia en impedir su quebranto por el mal uso. Según estudiosos, en la actualidad – aun quienes nos servimos de él día a día- utilizamos un bajísimo porcentaje del amplio espectro de vocablos (alrededor de 100 mil) que nos ofrece el Castellano, actitud con la cual lo desmeritamos y debilitamos, pues resulta muy difícil recuperar las palabras que se pierden por la falta de empleo.

Tal como afirmara el desaparecido escritor argentino Tomás Eloy Martínez en el contexto del Congreso de la Real Academia celebrado en Medellín, Colombia, en 2009, “la lengua es nuestra patria común, nuestra costumbre, nuestro modo de ser y, si no fuera como es, abierta a los múltiples horizontes de la realidad, tampoco nosotros seríamos lo que somos”.

Por tanto, nos corresponde a todos los nacidos al amparo de este código lingüístico dignificarlo y asumir la riqueza de nuevas voces sin enturbiar la diafanidad de las aguas de este río amplio y diverso que es la lengua de Cervantes.

One thought on “¿Me gusta hablar Español?

  1. Los tiempos que corren influyen negativamente en la fluidez y conocimiento de los más jóvenes por Lengua Materna. Desde las escuelas, donde los coetáneos son los propios profesores, hasta el seno familiar… muchas personas ven el expresarse correctamente como “cosas de viejos”, y no es así, entre otras cosas del dominio del idioma se desprende del conocimiento de qué somos, de dónde venimos, aún cuando la evolución nos obligue a usar nuevas voces… Excelente escrito Yudith

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