¿Por qué la cigüeña retrasó el viaje?


By Leyaní DÍAZ HERNÁNDEZ y Yudith MADRAZO SOSA

En el mundo existe una tendencia a la paridad tardía

Isyani siempre tuvo el sueño de encarar la maternidad en su primera juventud. “Eso me da la posibilidad de estar todavía lozana cuando mi hijo sea un jovencito; entonces tendremos la oportunidad de compartir actividades, asistir juntos a fiestas y campismos…”, alegaba. Hoy, con 37 años, ya es madre de un adolescente de quince y un aniña de siete años. En un sitio dormido de la memoria quedaron los días del último año de la Universidad, los largos meses durante los cuales se debatía entre alimentar al bebé, lavar los pañales, asistir a las clases y prepararse para el examen estatal.

Miriam, su compañera de aula, en cambio, prefirió esperar. Culminada la Licenciatura, cursó varios estudios de postgrados y logró consolidar una carrera que le ha reportado beneficios económicos y profesionales. Cuando decidió había llegado el momento, quiso tener un hijo. Muchos la criticaron: ¡ya tienes más de 35! Pero a tales argumentos prestó oídos sordos. Ahora sortea las largas horas de labor con los cuidados que demanda el nené.

¿Cuál de las dos opciones resulta la más atinada? ¿Cómo encaja el anhelo de tener hijos en las condiciones actuales de la mujer cubana, cada vez con mayor nivel de preparación sin que éste concuerde con sus condiciones económicas? ¿Qué causas psicosociales inciden en la tardanza de la maternidad? A la caza de respuestas para tales interrogantes un equipo del Cinco indagó entre algunas féminas y especialistas en el tema.

¿CUÁNDO LLEGA EL PRIMER BEBÉ?

“En el mundo existe una tendencia a la paridad tardía, de la que Cuba y dentro de ella Cienfuegos, no están exentas”, explica el Dr Gabriel González Jiménez, especialista de 2do grado en Ginecología y Obstetricia.

“Hace décadas un número considerable de mujeres asumían la maternidad entre los 20 y los 30 años. Hoy el por ciento de mujeres que han trasladado su paridad de los 30 a los 40, incluso después, ha aumentado de forma notable. Ello está dado no sólo por las condiciones socio-económicas del país, y en especial de la familia, sino en mayor medida por la necesidad de consecución de objetivos, que en el plano personal y profesional la mujer cubana se ha trazado”, argumenta.

Así lo corrobora Odalys Sánchez Hernández, quien concibió a su primer hijo a los 37 años de edad. “Me casé por primera vez cuando era una adolescente, ambos contábamos con muy poca edad y estudiábamos aún. No era el momento de pensar en un bebé, pues vivíamos con mi madre y mis dos hermanos”, confiesa la Licenciada en Tecnologías de la Salud, madre de dos varones de cinco y siete años.

“Aquella constituyó una etapa en la que sólo me concentré en divertirme y crecer profesionalmente. Luego llegó el divorcio y sufrí al verme sola y sin hijos; de haberlos tenido, el sufrimiento habría sido menor. Varios años sin pareja me hicieron pensar en que no tendría descendencia, pues ya pasaba los 35 y sabía del riesgo al cual me exponía. Viví momentos amargos, pero la familia y mi nuevo esposo me apoyaron cuando logré el primer embarazo. Las condiciones físicas me favorecieron y así alcancé  tener un segundo hijo a los 39, etapa riesgosa para la salud de cualquier mujer”, comenta Odalys.

De acuerdo con el Dr González Jiménez, también presidente de la Sociedad Cubana de Ginecología y Obstetricia, Capítulo Cienfuegos, las estadísticas muestran que la fertilidad disminuye después de los 30 años y la posibilidad de complicaciones para la madre y la criatura se eleva ostensiblemente.

“El feto está más propenso a las alteraciones cromosómicas entre las que se cuenta el Síndrome de Down; mientras en las mujeres pueden aflorar enfermedades propias de la edad como hipertensión, diabetes, fibromas uterinos. Esas dolencias propician complicaciones tales la desnutrición, la pérdida o muerte fetales, junto a la prematuridad; además de traer aparejadas a la mamá dificultades en el parto: sangramientos, alteraciones del topismo placentario (placenta previa) e incremento de la cesárea”, acota González Jiménez.

No obstante los riesgos –añade el facultativo-, el sistema de salud cubano presenta condiciones materiales y humanas para garantizar un embarazo lo menos tormentoso posible, con el logro de un ser en toda su plenitud.

LA ESPADA DE DAMOCLES

La concepción tardía muchas veces pende cual espada de Damocles en el día a día de una de cada cinco madres a nivel mundial. “Al valorar lo que sucede en otros países, la sociedad cubana en el presente se muestra un poco más flexible con quienes por decisión personal o problemas de salud tardan o no llegan a convertirse en madres”, aduce la Dr Zenaida Sáez, especialista de segundo Grado en Psiquiatría Infantil.

“En el continente africano, donde cumplí misión internacionalista, las mujeres nacen con la función social de procrear, cuidar y alimentar a la prole. En pleno siglo XXI, el hombre rechaza a la pareja cuando no puede quedar embarazada, sin importarle las razones de la nuliparidad. En cambio, en América Latina y en nuestra nación, el traer hijos al mundo representa una elección. Por tanto, cada quien elige con libertad el momento para tenerlos. Aunque hay mujeres a las que se les va el tiempo”, asevera Zenaida.

Otro aspecto que incide en la paridad tardía lo constituye el aumento de los índices de divorcialidad. “Hoy suman más las mujeres que deciden tener hijos cuando contraen segundas nupcias, pues piensan en una nueva vida para solidificar la reciente relación, aunque no siempre ni en todos los casos sucede así. Entonces contraen los retos de la sobreprotección al menor, la inseguridad, los desvelos, inherentes a la madurez”, expresa la especialista en Psiquiatría.

Tal como declara, dentro de la sociedad cubana actual las familias son más nucleares y muchas féminas no encuentran en los parientes las redes de apoyo que las ayude a tomar la decisión. “Hoy gran parte de las abuelas son profesionales y no están de acuerdo con dejar sus responsabilidades para encarar el rol de abuela/ mamá”, enfatiza la especialista.

DOS MÁS DOS NO SIEMPRE ES CUATRO

Nadie duda que tras el triunfo de la Revolución, el panorama de las féminas en la isla cambió de manera considerable. Tras una larga lucha por hacer valer sus derechos, a partir de enero de 1959, las nacidas en la Mayor de las Antillas obtuvieron grandes logros, de manera especial en el ámbito laboral.

El modelo patriarcal, donde sólo el hombre tenía la responsabilidad de buscar el sustento para la familia, se transformó cuando a ellas les abrieron las puerta del estudio y el trabajo. Entonces tuvieron la oportunidad de respaldar las finanzas en sus hogares, mientras conjugaban los quehaceres domésticos con determinadas funciones en la sociedad.

En el presente, las mujeres representan el 68, 2 por ciento de la fuerza técnica en Cienfuegos, mientras más de 3 mil 500 ocupan puestos de dirección. Tales factores  influyen también en el retraso de la concepción del primer hijo.

A ello, añaden algunos entendidos el hecho de que aun cuando desde el punto de vista social Cuba funciona como un país de primer mundo, en el ámbito económico ocupa el lugar de un país en vías de desarrollo, de ahí que la inestabilidad económica y la carencia de ciertos recursos como una vivienda propia ayuden a retrasar el reloj de la maternidad en la conciencia de no pocas parejas.

 

MATERNIDAD TARDÍA, ¿POR QUÉ NO?

Para algunas personas, no obstante los riesgos, asumir la maternidad pasados los 35 supone no pocas ventajas. La principal radica en la madurez alcanzada por estas mujeres para hacer frente a esa importante etapa de la vida. Poseen la serenidad que sólo se consigue con el paso de los años para criar y educar a su bebé.

“Con la edad, se alcanza cierta tranquilidad y sosiego. Uno supera con mayor facilidad las dificultades o los momentos de cansancio inevitables durante el embarazo y en los momentos iniciales del pequeño”, aduce Sandra Solís, quien tuvo su primer hijo a los 36.

Opinión similar comparte Emma Sofía Morales, quien dio a luz a su pequeña cuando sumaba 37 inviernos. “Considero las mujeres no deben parir jóvenes. La vida es una escalera y debe subirse peldaño a peldaño. Está el tiempo de estudiar, de divertirse, de ir a la Universidad y de afianzarse en un trabajo. Resulta necesario adquirir cierta experiencia y tener cordura, responsabilidad, para saber lo que quieres. Por eso, pienso que una buena edad para tener hijos es alrededor de los 30, pues una vez que los traes al mundo casi te quedas sin tiempo para el resto de las cosas, y si las emprendes no las haces del todo bien”, manifiesta.

Según su parecer, antes de decidir cuándo convertirse en madre, una ha de establecer la relación costo/ beneficio. “Si bien la maternidad tardía te ofrece la oportunidad de tener mayor madurez para enfrentar algunos problemas, también te hace perder la audacia de la juventud para asumir otros. Pero yo me siento bien por haber parido cuando lo hice, aunque ya había perdido el atrevimiento de la mocedad”, explica.

Entre las razones esgrimidas por varios entrevistados acerca de las causas conducentes al retraso de la maternidad, sobresale la referida a la profusión de información sobre dichas cuestiones, la notable mejoría en esta época de los servicios gineco-obstétricos, junto a las circunstancias económicas y profesionales personales que obligan a postergar ese momento.

De cualquier forma, tener hijos entre las tres o las cuatro décadas deviene una acertada opción para un gran número de féminas. No representa el fin del mundo, como todavía algunos lo ven, y sí la oportunidad de comenzar a recorrer el interminable y apasionante viaje que significa la crianza de la prole.

 

 

 

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