La filosofía TIC


By Yudith MADRAZO SOSA

En el excelente filme estadounidense Blood Diamond, que narra los desmanes, abusos y explotación asociados a la guerra civil y al comercio ilegal de diamantes en Sierra Leona, la sigla TIA (This is Africa, traducida: Esto es África) es repetida por algunos personajes para justificar la desgracia del continente negro, una suerte de acomodamiento a las circunstancias, para ellos inalterables, de los países subsaharianos, casi todos en perennes conflictos armados y extirpados de sus riquezas por las grandes potencias.

Recuerdo la frase porque se me ocurre que si cambiáramos la A por la C acuñaríamos esa especie de sino a la sombra del cual duermen tranquilos no pocos en esta isla caribeña. This is Cuba (TIC, equivalente a Esto es Cuba) serviría para disculpar las imperfecciones de nuestro devenir como nación.

Pues la sentencia “Tú sabes cómo somos los cubanos” o aquello de que “no tenemos fijador” junto al “o nos pasamos o no llegamos”, coloca la toalla aquí a más de una deficiencia y a los errores cometidos una y otra vez.

TIA espetaban algunas figuras en el largometraje como excusa a las miles de vidas sierraleoneses perdidas como consecuencia de los conflictos desatados por el control de la preciosa piedra. Salvando la distancia y la coyuntura, TIC gritaríamos aquí ante esos males que aquejan a la sociedad y a los cuales parecemos acostumbrados.

Esto es cuba, díríamos, cuando demora más tiempo del pertinente en una gestión; siente que desde la comodidad de una oficina alguien dispone lo que no resulta viable en el terreno real de la cotidianidad o condena a la rigidez, por acato a designios superiores, una resolución modificable; también si una entidad diluye con el paso del tiempo –y no siempre por escasez de recursos- la calidad de los servicios registrada en los momentos iniciales.

Esto es Cuba, repetiría, cuando permanece largo rato en la parada de un ómnibus urbano y ni siquiera alguno de los llamados a “apoyar” aparece para satisfacer su necesidad de trasladarse. Esto es Cuba, se consolaría, si ve por las carreteras vehículos destinados a cargas de todo tipo colmados de gente, mientras otros, más confortables, se ocupan sólo con la comodidad y la inconsciencia de sus choferes.

Y es que nos hemos habituado a tales zozobras como si estuviéramos predestinados a ellas, cual si la culpa de todas nuestras dificultades reposaran en el bloqueo o la actual crisis económica mundial. Porque, no lo dude, mucho de cuanto hoy lacera la vida del cubano se debe a que no acabamos de despojar los caminos de las piedras con las cuales insistimos en tropezar: yerros económicos, planificaciones desacertadas, basadas más en la espectacularidad que en la efectividad, complacencia ante la insuficiente gestión, falta de motivación ante el trabajo, entre otros padecimientos.

Ya es hora de colocarnos delante del espejo y aceptar la imagen que nos devuelve: con lunares, pero perfectible. Esto es Cuba, sí. Pero, ¿es la Cuba que queremos, la de los sueños de Martí y tanto patriota valioso?

De nada sirve escudarnos en justificaciones, la autocompasión suele ser un mal remedio. Apuntémonos con dedo propio para una vez regocijados con los logros tengamos discernimiento para reconocer los fallos, subsanarlos y multiplicar luego nuevas conquistas.

Hacia esa meta parecemos dirigirnos cuando protagonizamos profundas transformaciones en campos medulares de la vida nacional, ahora quizás la más trascendental en el orden laboral. Pero de poco nos serviría –ceo yo- dar pasos hacia delante si en cada palmo avanzado no anteponemos la racionalidad al delirio de la buena voluntad.

No existen varas mágicas. Caerse y levantarse, equivocarse y emprender nuevos senderos recuerdan nuestra condición humana. No obstante, hemos de reconocer que todavía lidiamos con males evitables. Comencemos por eludir la inconsecuencia, el desconcierto entre lo que se dice y se hace, se anuncia y se materializa y la inconstancia. Condenemos a pena máxima la burocracia y el esquematismo, la filosofía del maratón, el terminar esto o aquello con motivo de esta o aquella conmemoración, de emprender cierta acción porque a ello nos han llamado sin velar nunca más por su trascendencia.

¿Para qué acudir en multitud a plantar posturas si luego permitimos que otra multitud – hecha de hierbas- impida a lo sembrado convertirse en bosque? ¿Porqué ocuparnos con labores ordinarias el día de descanso cuado en los seis restantes nos alcanza el tiempo, si lo administramos bien, para acometer lo debido?

No pocos lectores –me atrevo a asegurar- discordarán de este comentario, nacido de la humilde visión de una reportera. Una idea me anima: “Fomentar la discusión franca y no ver en las discrepancias un problema, sino la fuente de las mejores soluciones…”, tal expresó el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro durante la clausura del IX Congreso de la UJC. Mientras, espero que TIC aluda al país de excelencia que añoramos todos.

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