Accesibilidad ¿con inclusión?


By Yudith MADRAZO SOSA

Hay barreras difíciles de derribar. Pertenecen a un género ante el cual resultan inútiles las más potentes armas. Esos valladares tienen su fundamento en el interior de las personas y se manifiestan, casi siempre, en la incomprensión de la otredad, o la indiferencia ante la dificultada ajena. Resultan más perjudiciales que las tangibles, pues cuando ellas se yerguen desaparece el discernimiento necesario para hallar la manera más plausible de echar por tierra las primeras.

¿De qué otra forma explicaríamos la persistencia en nuestro entorno de ciertas barreras físicas, esas a las cuales aluden los discapacitados como impedimento al pleno desarrollo de su autonomía?

Ilustrémoslo. Los cienfuegueros cuyas limitaciones motoras los obliga a trasladarse en sillas de ruedas no pueden disfrutar de un espectáculo en el Teatro Tomás Terry, solazarse con los encantos del Parque Martí o vibrar de pasión por los elefantes en el “5 de Septiembre”.

Abundan ejemplos de las trabas a la accesibilidad al medio físico en la provincia. Pero tales obstáculos no resultan palpables sólo en la arquitectura urbana sino también en medios de transporte de amplio alcance como el ferroviario, aun cuando la implementación de acciones para fomentar ese importante factor está contenida en las Normas Cubanas NC 391:2004.

El cuerpo jurídico establece los elementos generales y los registros específicos de accesibilidad a cumplir en el urbanismo, las edificaciones, las comunicaciones y el transporte. Está integrada por cuatro partes, tres de las cuales poseen carácter obligatorio.

Sin  embargo, la realidad demuestra cómo no siempre llega a oídos receptores las voces, una y otra vez alzadas, en reclamo de la adecuada observación de tal factor, que además de constituir un componente para la integración social del discapacitado, representa el respeto a su derecho a la movilidad, al uso de manera confiable, eficiente y autónoma de los servicios y, por consiguiente, un reconocimiento a su dignidad humana.

¿Por qué al reconstruir un policlínico el diseño no tiene en cuenta la implantación de ascensores, si en la planta alta se habilitan la mayoría de las consultas? ¿Qué impide la colocación de mostradores bajos, al alcance de una persona enana o en sillas de ruedas, cuando edificamos una nueva cafetería?

De acuerdo con Isvel Trujillo Yero, presidente de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores (ACLIFIM) en la provincia, todavía perviven concepciones erróneas y desconocimiento sobre el tema, imprescindible para equiparar las oportunidades de los individuos con alguna dificultad y el resto de la población.

“Existe un plan de acción nacional, pero éste se incumple muchas veces. No siempre los organismos incluyen la accesibilidad en sus proyectos constructivos. Por tal motivo, resulta indispensable la revitalización del cuerpo de inspección encargado de velar por el acatamiento de la norma. En el presente, la evaluación y el monitoreo resultan superficiales; estos deben incluir a un número mayor de entendidos, procedentes de diferentes ramas”, comentó Trujillo Yero.

Hablar de accesibilidad supone, entonces, la creación de condiciones necesarias para que las personas con alguna dificultad realicen las mismas actividades al alcance de quienes no tienen impedimentos y lograr así su inclusión en los diversos ámbitos de la sociedad.

Se impone, pues, la toma de conciencia en virtud de construir y diseñar de manera adecuada, sin barreras excluyentes, incorporando a las edificaciones ya fabricadas elementos integrales, propiciadores del accedo y el disfrute de todos.

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