Danza de palabras en el espacio


En la opinión de Roger Milián Anos, coordinador nacional de Interpretación en Lengua de Señas, el profesional de esta modalidad debe saber de todo un poco

Los vemos en ámbitos diversos: un noticiario de televisión, un trámite legal, una boda, o una sala de hospital. Componen el puente de comunicación entre dos mundos a menudo distanciados: el de los oyentes y los sordos. Son los Intérpretes de Lengua de Señas (ILS), cuya invaluable ayuda casi transcurre inadvertida o huérfana de encomio a nuestro alrededor.

Distinto a sus colegas mediadores entre idiomas hablados, las herramientas de tales profesionales no yacen tan sólo en las nociones y la voz, sino también en esa suerte de “danza de palabras en el espacio” que, al decir de la escritora francesa sorda Emmanuel Laborit, constituye el lenguaje de signos.

Por eso la preparación permanente junto al constante renuevo de los intérpretes signa el quehacer de este oficio de historia honda y joven a un tiempo. Cienfuegos no queda a la zaga en los esfuerzos cubanos por la formación de especialistas en dicha materia y en el presente suman más de 150 los inscriptos en los registros de quienes desempeñan aquí la profesión.

De acuerdo con Roger Milián Anos, coordinador nacional de Interpretación en Lengua de Señas, la apropiación de conocimientos constituye una condición indispensable para incursionar en ese campo. “El traductor oral de esta modalidad actúa en diferentes espacios y, por tanto, requiere de cierto entrenamiento. Debemos conocer de todo un poco, ser buenos oradores de nuestro idioma materno, pues eso incide en la calidad del trabajo.

“La principal dificultad que tiene la comunidad sorda radica en la incomunicación. Su interacción con el resto de las personas desconocedoras de su código lingüístico resulta bastante compleja, de ahí la importancia  de nuestra cooperación”, acentuó Milián Anos.

Aymée Rodríguez Ferriol, una de las primeras intérpretes en Lengua de Señas en Cienfuegos

Así, movida por la urgencia de ciertos alumnos sordos, hace más de veinte años Aymée Rodríguez Ferriol inició su peregrinar por una vereda de la cual no piensa apartarse jamás.

“Mis inicios no fueron como intérprete, sino como profesora de niños con discapacidad auditiva. En aquel momento la enseñanza a estos educandos seguía el método puramente oralista, no se les permitía usar su propio lenguaje. Al ver la necesidad que tenían de comunicarse y su incomprensión del español hablado, decidí aprender su idioma para comprenderlos y respaldarlos. No cabe dudas de la utilidad de nuestra labor para la sociedad, pues no todos los oyentes dominan la expresión señada y para los sordos el castellano resulta muy difícil”, comentó Rodríguez Ferriol.

Según declaró, durante mucho tiempo desempeñó sola esa función aquí. En el país había pocos diestros en el oficio y casi todos llegaban a él por la vía familiar, estimulados por el deseo de servir de enlace entre sus parientes sordos y los oyentes circundantes, aun sin conocer la trascendencia de dicha labor.

Tal es el caso de la granmense Maricel Mejías Blanco, quien durante un evento nacional celebrado en Cienfuegos habló sobre sus experiencias de más de dos décadas en la especialidad.

“Yo me formé de manera empírica, incursioné en la profesión alentada por el hecho de que mi familia incluye a varias personas con dificultades en la audición. Esta es una especialidad muy linda pero más que linda requiere de mucha vocación”, acentuó.

Los resultados exhibidos hoy por la Perla del Sur y el resto de las provincias distan mucho de los modestos pasos iniciales en la formación de ILS.  Pero, según los entrevistados, todavía existe incomprensión por parte de algunos directivos de organismos y entidades donde no incluyen plazas para estos profesionales, aun cuando en su plantilla existen trabajadores con discapacidad auditiva necesitados de tales servicios.

A suplir las carencias encaminan sus pasos, con buena voluntad y ansias de superación, la nueva hornada perlasureña. Mailedis Pereira Rimante, una de ellas, así lo dejó ver cuando habló de sus motivaciones por dicha carrera.

“De niña tenía amistad con muchachos sordos y al terminar el noveno grado se me presentó la oportunidad de cursar el técnico medio en la disciplina. Me gusta mucho, me siento útil contribuyendo a que estas personas encuentren un apoyo para la comunicación”, expresó la recién graduada.

Otros jóvenes como ella seguirán los pasos de Aymée, Maricel y todo aquel que en el país escucha con los ojos y danza con palabras en el espacio para tender el puente hacia el indispensable entendimiento entre sordos y oyen

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