Maternidad adolescente: ¿nunca es temprano si la dicha es buena?


By Yudith MADRAZO SOSA and  Leyaní DÍAZ HERNÁNDEZ

El momento de tener un hijo supone una elección primordial para la mayoría

Mairelis decidió ser madre a pesar de sus 18 años

de las mujeres. No pocas defienden la idea de atrasar ese instante en virtud de encauzar primero sueños y aspiraciones personales. Otras, sin embargo, apuestan por la gestación a edades muy tempranas, a penas distanciadas de la niñez.

Debido a la alta incidencia del suceso, la maternidad adolescente constituye, ante la opinión de sociólogos, médicos, psicólogos y otros especialistas, un asunto nada desdeñable a la hora de tener en cuenta los problemas de la modernidad. Para los entendidos, representa un fenómeno de la Salud Pública donde se entrecruzan distintos aspectos de tipo demográfico, social, económico, cultural y de comportamiento. El tema resalta no sólo por su magnitud, sino también por las consecuencias que de él derivan para la estrenada mamá, la familia y la sociedad en su conjunto.

Una de ellas radica en el abandono o la interrupción por parte de las adolescentes de importantes proyectos de vida, una vez que deciden asumir el rol de madres. Tal es el caso de la cienfueguera Laura Sarduy, quien a los 18 años aplazó sus anhelos de continuar estudios universitarios para dedicarse a plenitud a la crianza de su bebé, al menos durante el primer año de vida.

“Yo no planifiqué el embarazo, sucedió sin esperarlo, pero nunca vi al aborto como una opción. Antes, preferí tener a mi hijo, aunque esa decisión representara postergar la realización de mis sueños personales. El curso entrante espero comenzar una carrera en la Universidad Pedagógica. Necesitaré mayores dosis de esfuerzo, lo sé, pero para eso cuento con el apoyo de mis padres, mi esposo, quienes respaldan mi determinación de superarme y ser algo más que un ama de casa. Es un sacrificio que haré no sólo por mi futuro sino también por el de mi niño”, comenta Laura.

Mairelis Rodríquez Leal, en cambio, “encargó” su renuevo cuando lo creyó pertinente según sus aspiraciones, si bien todavía no superaba la edad establecida para la adolescencia. “Yo abandoné la escuela al terminar el onceno grado, luego me casé. Mi matrimonio marchaba bien y consideré oportuno el momento de concebir un hijo. A pesar de mi juventud, me sentía preparada. Además, conté con la ayuda tanto de mi familia como de la de mi esposo. A mi entender, es mejor parir joven que con más edad, ¿por qué no?”, afirma Mairelis.

En la opinión de los entendidos, la deserción escolar pone en riesgo las posibilidades de las adolescentes de insertarse en el mundo laboral en mejores condiciones para competir e incrementar los ingresos familiares.  Este fenómeno también se hace sentir en la calidad de la socialización y educación de los descendientes la cual queda, en gran parte de los casos, a cargo de los abuelos.

De acuerdo con Enio Castiñeira González, asesor de Ginecobstetricia del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en la provincia, “antes de los 19 años la mujer no está preparada bio-fisiológicamente para concebir un hijo. Desde el punto de vista anatómico, los huesos de la pelvis –por ejemplo- no han desarrollado lo suficiente como para alojar una nueva vida. Además, a temprana edad no se poseen los conocimientos necesarios para enfrentar el nuevo rol de madre”, asevera el facultativo.

Al decir del especialista, entre los 15 y los 19 años resulta común la búsqueda de orientación vocacional, o profesional, no así el comienzo de una etapa diferente, la cual supone replantearse roles hasta ese momento no preconcebidos. Los cambios en la estructura social y familiar, los biológicos, la disminución en la edad de la primera unión, junto a las marcadas características psicológicas en el paso de la niñez a la adolescencia, constituyen factores de riesgo que, entre otras secuelas, producen en no pocos casos embarazos o partos no deseados, con limitaciones para el ulterior desarrollo de las vidas de los padres e hijos.

“La edad recomendable para la maternidad oscila entre los 20 y los 35 años, incluso alguna literatura especializada comienza a extenderla hasta los 37, pero nunca antes. Las progenitoras adolescentes corren el riesgo de dar a luz hijos prematuros, con bajo peso al nacer. Lo inmaduro de sus genitales provoca nacimientos distócicos (cesáreas) o instrumentados, así como otras complicaciones durante la gestación, el parto o el peuperio”, argumenta Castiñeira González.

Algunos números arrojan luces al tópico. En 2010, el 18.5 por ciento de las embarazadas cienfuegueras tenía menos de 19 años. Los municipios de Abreus, Palmira y Cruces aportaron los mayores índices con 25,2; 22,1 y 20,2 por ciento, respectivamente. Mientras Lajas, Aguada, Cienfuegos, Cumanayagua y Rodas ostentaron cifras inferiores al 19 por ciento.

“En tal comportamiento inciden las condiciones socioculturales de las habitantes en esos lugares. No menos importante constituye la presencia de centros educacionales en el campo, donde la convivencia desde edades tempranas provoca el adelanto de las relaciones sexuales y, por consiguiente, aumenta  el riesgo del embarazo precoz”, puntualiza el galeno.

Según investigaciones consultadas, en la medida que Cuba comenzó a  registrar un proceso de decrecimiento de la fecundidad, aumentaron las proporciones y tasas de embarazos en la adolescencia. Tal realidad pone de relieve cómo en un país destacado por su equidad reproductiva, la gestación precoz deviene resultado no esperado, cuyas causas subyacen en factores sociológicos, psicológicos, culturales y otros.

Ser madre adolescente suele iniciar, sin distinciones sociales, una cadena de problemas: abandono escolar, inserción laboral prematura y con escasa preparación, responsabilidades económicas y pérdida de vivencias propias de esa edad.

Yailenys Peñate rememora su historia y no esconde la alegría cuando habla de su hija de tres años, pero confiesa: “No estaba preparada para enfrentar todo cuanto me pasó, parir a los 14 y organizar una familia de la noche a la mañana. Mis pensamientos entonces se centraban en pasar tiempo con mis amigas, salir libre de preocupaciones… no en ser mamá”.

¿Qué hacer ante tal fenómeno? ¿Verlo como un problema o un desenlace natural del devenir social? Se adelantan las cigüeñas, sí. ¿Y están todas las jovencitas preparadas para ese regalo madrugador?

 

 

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