Moraleja de la voluntad sobre el revés


By Yudith Madrazo Sosa

Hay acontecimientos capaces de torcer el rumbo de una existencia, dejar a la

Sin asomos de autocompasión o desventura avanzan los días de Maydelín Soriano Duarte

persona devastada o convertirse en el cimiento sobre el cual erigir una nueva vida. Maydelín Soriano Duarte eligió el segundo de esos caminos. No fue fácil y hubo de contar para ello con el apoyo de familiares, amigos. Porque cuando perdió sus piernas en aquel accidente en una noche guardada en el recuerdo, Maydelín no renunció al don de vivir, sino aceptó –con voluntad y confianza- la otra circunstancia de su peregrinar.

“Las personas se extrañan de lo rápido de mi recuperación. Nunca me faltó el apoyo familiar, mi mamá se mantuvo siempre a mi lado, me decía que la vida continuaba. Y mis compañeros de trabajo fueron verdaderos psicólogos en ese momento, jamás permitieron que me dejara caer. También mis hijos, entonces con tres y ocho años, fueron un gran incentivo. Ver esas caras delante de mí, me infundía aliento para seguir luchando”, comenta esta joven, quien luego de aquel revés que la ató a una silla de ruedas, integra la nómina de la Asociación de Limitados Físico Motores (ACLIFIM) en Cienfuegos.

¿Cómo llegaste a la Asociación? ¿Conocías de su existencia y la esencia de su quehacer?

“Un año después del accidente, recibí la visita de un miembro del ejecutivo de la ACLIFIM a mi casa. Me brindó ayuda, me habló de la Asociación -la cual yo realmente no conocía- y de cómo al integrarme a ella podría lograr la rehabilitación.

“Lo primero que hice dentro de la organización fue incursionar en el baile, pues siempre me gustó la música y con esta manifestación alcancé buenos resultados en eventos nacionales. Luego, me incorporé al deporte. En esa decisión me estimuló mucho el hecho de observar a otras personas con discapacidades más severas que la mía practicarlo”, alega Maydelín, una mujer cuya voluntad y determinación le ha permitido sortear los escollos que supone la aceptación de una limitación no congénita.

“El destino me dio la oportunidad de llevar dos vidas: primero, la convencional y luego, la de discapacitada. Tenía 29 años cuando ocurrió el accidente, pero siempre fui fuerte de carácter. No soy de las personas que se dejan caer fácilmente, por cualquier cosa, aun cuando todos los días del mundo pienso en mis dos piernas. Esta nueva situación no me derriba. Considero que la vida la dieron para eso, para disfrutarla y asumirla con sus problemas. Además, tener una familia como la mía me ayuda aún más a vencer esta dificultad”, afirma.

Maydelín practica tennis de mesa y exhibe alentadores resultados en esta modalidad. Según asevera, el entrenamiento contribuye en gran medida a su rehabilitación. Clasificó en las olimpiadas nacionales y sueña con llegar a un paralímpico internacional. En su palmarés figuran medallas de oro, plata y bronce. “Pero para lograr metas superiores es necesario un entrenamiento sistemático y mucha constancia”, asegura.

Y es la tenacidad el marcador de los pasos de esta cubana amante del corte y costura, la lectura y las matemáticas. “Si hubiera tenido la oportunidad de estudiar una licenciatura o maestría en esta materia, lo hubiera hecho. Soy muy hogareña, disfruto la casa, acomodarla y adornarla a mi gusto, también la compañía de mi esposo, mis hijos, mi mamá”, confiesa al hablar sobre sus aficiones.

Evoca a los hijos y sus ojos se iluminan, como toda madre orgullosa de su prole. “Son uno de los mejores regalos de la vida. Nunca pensé que pudieran adaptarse al cambio. Parece como si toda una vida me hubieran visto sobre una silla de ruedas. Me adoran, son realmente maravillosos”.

¿Cómo valoras la integración social de los limitados físico motores?

“A mi entender marcha un poco lenta. Hay discapacitados que todavía están muy sobreprotegidos por la familia. En mi opinión, es necesario hablar con los padres, convencerlos de que les permitan asistir a las actividades, se reúnan con personas aquejadas de las mismas dolencias y constaten que sí son capaces de incorporarse al trabajo, al deporte, la cultura”.

¿Qué puedes decir a quienes aun con todos sus miembros se reniegan a menudo de lo que les toca vivir?

”En verdad, la gente se queja mucho. No sé…el tiempo que llevo en la silla me ha dado la oportunidad de pensar en los errores cometidos, en cuánto pude hacer y no hice…Me doy cuenta de que a veces las personas no aman verdaderamente la vida. Y ese es mi mensaje: que disfruten cada instante como si fuera el último, pero haciendo siempre lo correcto, cumpliendo metas.

“Yo dejé de superarme y después del accidente emprendí acciones para las cuales antes tuve la oportunidad y, sin embargo, nunca realicé: me gradué de grado 12; culminé el técnico medio en Economía; terminé cursos de Computación. Cualquiera diría ‘yo cambiaría todos esos conocimientos adquiridos por las dos piernas’, pero -a decir verdad- me he realizado más después de sufrir ese percance. Tengo más tiempo para pensar en todo, compartir con mis hijos y conducirlos por el camino mejor”.

Así, sin asomos de autocompasión o desventura, con jovialidad y fuerza de carácter, avanzan los días -moraleja de la voluntad sobre el revés- de Maydelín Soriano Duarte, una cienfueguera asistida por la tranquilidad de saberse respaldada y un corazón renovado que le permite mirar al mundo desde otra perspectiva.

 

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