Amor, ¿crisis o apogeo? (I Parte)


By Yudith Madrazo Sosa y Leyaní Díaz Hernández

En muchas partes del mundo, hombres y mujeres festejarán este martes el Día de San Valentín, o mejor conocido así entre los cubanos, el Día de los Enamorados. Considerada una de las celebraciones más populares del calendario, la del 14 de febrero es una fecha en la que millones de personas en el orbe intercambian postales, mensajes y regalos para demostrar el cariño, el amor o la amistad que profesan a sus seres queridos.

Aunque abarca también el sentimiento suscitado en los individuos por la familia y los amigos, es el amor hacia la pareja el que mayor atención acapara en torno a esta conmemoración. A través de los tiempos, la búsqueda del amor verdadero ha constituido la gran preocupación en la vida de mucha gente. Es el tema de la mayoría de las canciones de éxito y también la trama oculta de casi todas las películas y telenovelas.

En pleno siglo XXI, con los signos de una sociedad cambiante y en continuo estrés, hablar de amor para muchos supone referirse a una quimera. Otros lo ven como un sentimiento inherente a la condición humana, sin el cual resulta imposible la vida. Sin embargo, no pocos coinciden en afirmar que se encuentra en el centro de un sismo. ¿Es posible o no vivir un amor pleno y maduro? ¿Se ama más o menos en nuestros días que en épocas pasadas? ¿Está o no en crisis el amor? 

EN BUSCA DEL AMOR

Con tales interrogantes abordamos a un grupo de cienfuegueros, quienes dieron su parecer sobre este afecto tenido por la mayoría como el preeminente de todos los que habitan en el ser humano. En sus respuestas, la casi totalidad de los interpelados señalaron las dificultades económicas como la principal zona de conflicto en las relaciones de pareja. Otro grupo resaltó la incomunicación, la falta de tolerancia, el individualismo y la ausencia de compromiso.

“La vida ha cambiado mucho; el amor también. Hoy el interés puede más. Todavía hay quien busca el sentimiento, pero prácticamente todos optan por la apetencia material. Claro, al final esa alternativa falla; no sirve. Puedes llegar a tener cosas, pero siempre te faltará el amor”, asegura Ruddy García Ramírez, de 35 años de edad, quien apuesta por este noble sentimiento. “Yo sí lo he encontrado, aunque haya fallado en alguna relación. Creo que uno siempre puede volver a enamorarse”, aduce.

Maritza Pernas se suma a la idea del estado crítico del amor. “No de manera absoluta, pero se ha deteriorado mucho el vínculo de la pareja. No sé si son los nuevos tiempos, pero ya no es como antes, pues se están perdiendo valores. Pienso que esto es lo más influyente en su decadencia. A pesar de eso, sí le veo

futuro al amor, no concibo la vida sin él y considero que siempre habráformas de rescatarlo”, expresó.

Sin embargo, Patricio Chaviano del Sol alega que el amor no vive ni mucho menos una crisis, sino que son otros los momentos en que se presenta. “Incluso ahora se ama mucho más que antes, porque se quiere con más libertad y menos

prejuicios. Uno puede seleccionar más a quien entregarse”, precisa.

Similar opinión vierte en un foro de internautas Susana Nieblas. Ella se niega a aceptar los argumentos tradicionales de que antes nuestros padres y abuelos querían más, que hoy el amor no ocupa un espacio en nuestras vidas. “Sinceramente pienso que nuestros antecesores simularon muchas veces amor, fidelidad y en varias oportunidades no tuvieron derecho a decidir a quién amar. Existían situaciones sociales que condicionaban muchas de estas conductas, la mujer era dependiente, estaba subculturalizada, era un instrumento de placer y para procrear y, por ende, un elemento cuya opinión bien poco valía.

“Hoy el amor es cualitativamente superior, hay más actitud para amar. No es una obediencia debida, hoy aman ambas partes, participan activamente en el aporte a la economía doméstica, en el gobierno de la familia, en la posibilidad de dar y recibir en la misma medida que se dé”, asevera Nieblas.

Noelia Quintero La O tiene más de sesenta años y treinta de matrimonio, voz autorizada para buscar en ella un criterio de muchas vivencias en el siglo XXI.

“No creo que el amor esté perdido, pero sí pienso que hoy las personas sienten interés por lo material y prefieren resolver determinada situación antes de entregarse por completo en una relación. Al final el amor se impone, y si era una farsa ya no puedes seguir con ella”, dice sin cortapisas al auditorio que la escucha atentamente: Yusi, la hija menor, y Mayra Valladares, una amiga.

“Sí, mima -la interrumpe Yusi- pero es difícil encontrar una persona que realmente te ame, los que llegan tienen segundas intenciones y a veces no dudan en decírtelo abiertamente.

“No sólo son los problemas económicos -continúa Yusi- porque está arraigado en la cultura nuestra tener más de una relación, aunque estas no se reconozcan abiertamente. En el caso de los hombres se resisten a quedarse enganchados. (término similar a estar enamorado). Se ha perdido totalmente el romanticismo, existían ‘rituales’ para enamorar a la pareja, como llevarla a cenar o a sentarse en el Malecón, compartir juntos en la intimidad…, hoy se pasan por alto. Quienes te invitan lo hacen a escuchar reguetón en cualquier discotecade la ciudad -si tienen dinero para ello- o simplemente no te invitan, porque piensan que para deslumbrarte deben ‘tirarse’ con lo más caro. Es una lástima, muchas no pensamos así..

 

One thought on “Amor, ¿crisis o apogeo? (I Parte)

  1. Pese a lo peligrosa que es la traición y a lo extendida que está,
    puedo ofrecer lina luz de esperanza a las parejas. Y al analizar la anatomía de ese veneno he logrado comprender
    la forma de derrotarlo. He averiguado que existe
    un principio fundamental capaz de conseguir que una relación funcione, que además actúa como antídoto contra la deslealtad.

    He llegado a saber, asi. que existe un veneno específico
    que viene a privar a las parejas de ese precioso «no sé qué», abocándolas a una incesante desdicha.
    Es una sustancia invasiva y dañina, que se presenta con el
    mayor de los sigilos y puede terminar socavando una relación
    aparentemente estable, sin que nadie se dé cuenta
    hasta que ya es demasiado tarde. Cuando les diga el nombre
    de esta toxina van a pensar que les estoy diciendo una obviedad, dado
    que se trata de la traición. He de admitir que, en parte, basta el sentido común para entender los daños que provoca la traición.

    Cuando parejas como la de Angel y George penetran en el laboratorio del amor tes colocamos tal
    cantidad de sensores y de cables que no falta el bromista que
    señala las semejanzas con el doctor Frankenstein.

    Ames de que se den cuenta, mientras todavía se
    esfuerzan por adaptarse al equipo científico y a
    su nuevo entorno, los sensores comienzan a enviar información relativa a la
    velocidad con la que fluye su torrente sanguíneo, a
    su cardíaca y a su pulso, así como a la cantidad de sudoración que se detecta en la palma de sus
    manos e incluso al número de veces que se agitan en la silla.

    Saturados por los correos electrónicos, los teléfonos móviles y los complicados malabarismos de nuestras responsabilidades, vivimos constantemente al borde
    de una respuesta catastrófica dictada por el estrés.
    Cada uno de nosotros tiene una cierta «capacidad de carga», una determinada resistencia al estrés, y la verdad es que
    tendemos a echarnos demasiadas cosas sobre ios hombros, hasta el
    punto de acabar rozando la sobrecarga. En Internet abundan muy notablemente los anuncios que pregonan poseer la «cura del estrés»,
    y lo mismo puede decirse de los quioscos de periódicos y de las
    librerías. Sin embargo, creo que la confianza es lo que mejor contrarresta el estrés.

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