¿Lluvia sobre mojado?


By Yudith Madrazo Sosa

Lo confieso: me gustaría hablar de otros asuntos y no sentir, como ahora,

Los puntos de recogida continúan como alternativa a las dificultades en el transporte público

que mis palabras huelen a lluvia sobre mojado. Pero este dolor, compartido con muchísimos de mis conciudadanos, lanza punzadas en mi interior y me obliga a volver a un viejo tema: las precariedades del transporte.

¿Será que estoy atada a este mal como a dolencia incurable? ¿Será que esa suerte de teoría irremediable llamada fatalismo geográfico me persigue a todas partes? Da igual si intento moverme entre municipios o trasladarme dentro de la ciudad, el deseo de  llegar temprano y sin zozobras a mi destino casi siempre se diluye por el cotidiano devenir de la mala transportación.

A mi memoria acuden ahora incontables pasajes vividos durante largos años de ir y venir de un lugar a otro, casi siempre asistida en mi necesidad por la benevolencia ajena. Por cotidiana, la práctica de extender un brazo y pedir “botella” se me antoja inseparable de la condición de ser cubanos. Tan arraigada está la costumbre entre nosotros, que a veces me cuesta imaginar cómo sería la vida sin esa forma de “desdicha feliz” que es trasladarse gracias a la caridad de ciertos choferes.

Ya sé, parece un contrasentido eso de “desdicha feliz”. Pero como a tabla salvadora en medio del naufragio, he aprendido a asirme al hábito de sacar provecho de las circunstancias más adversas. Por eso creo que coger botella no resulta un total infortunio: te ofrece la oportunidad de socializar, hacer amigos y muchos hasta encuentran pareja. Mas, como todo proceso fortuito, el hecho va acompañado, sobre todo, de la incertidumbre, la ansiedad, el sobresalto, la aflicción.

Tales sentimientos afloran, profusos, cuando percibes la mirada impasible de algunos conductores, esos que siempre andan demasiado a prisa como para disponer de tiempo para dar un aventón, se arropan en total indiferencia hacia los apremios del prójimo o procuran jugosas ganancias a cambio de darte un lugar en sus vehículos.

En momentos así solemos apelar a toda suerte de pericia para no sucumbir en la desesperación o el desaliento. “Es un mal pasajero, la situación mejorará”, nos consolamos. Pero el tiempo pasa y aunque contemos más ómnibus en las terminales, más autos y camiones privados, el transporte todavía no alcanza a pintar de colores sus ribetes grises.

“Es cierto que las dificultades económicas del país tienen un impacto fuerte en este sector. Sin embargo, incide de manera drástica la mala organización”, reconocen no pocas personas. Les asiste razón. Debido a la deficiente distribución de itinerarios y equipos a menudo los ómnibus de ciertas rutas transitan con frecuencias divorciadas de las necesidades de la población.

Pongamos por caso la No 5 (Punta Cotica- Tulipán), en esta ciudad. Quienes necesitan de sus servicios viven, a menudo, las mil y una penurias para satisfacer su urgencia. Y no siempre se debe al estado técnico de los equipos. En disímiles oportunidades los pasajeros han podido constatar que la escasa afluencia se debe a fallos en la organización. ¿Cómo si no explicar que durante toda una hora no llegue siquiera un carro a la parada y pasado ese tiempo aparezcan dos, distanciados uno del otro por apenas cinco o diez minutos? ¿Quién logra entender las razones por las cuales en el horario del mediodía se torna una verdadera tragedia moverse desde y para esa barriada?

Similares fisuras muestra el transporte intermunicipal. En determinados lugares se palpan avances, pero en otros las mejorías solo tocan a una porción de los habitantes. Es ahí donde el cubano de a pie se inclina a ¿tranquilizarse? con el fundamento del “fatalismo geográfico”. Amén de los problemas económicos, se me hace difícil hallar una justificación sólida al hecho de que la rigidez en reglas establecidas varias décadas atrás prive a zonas como mi pueblo natal, donde todavía vivo, del beneficio de una ruta oficial, estable, para el traslado de sus moradores hasta la cabecera municipal o provincial, a pesar de su creciente población y de contar con una vía de acceso en buen estado.

“¿Por qué no escribes sobre el transporte? No te faltarán vivencias, lo sufres casi a diario”, recuerdo la invitación de aquel chofer. Le digo, a modo de excusa, que he vuelto sobre el tema una y otra vez. Sin embargo, me debo a los lectores y esa constituye razón suficiente para compartir estas dilucidaciones. Pero repito, me gustaría hablar de otro asunto. Mientras, espero e imagino nuestra cotidianidad con un sistema de transporte bien concertado, sin ómnibus colmados por encima de su capacidad, con horarios estrictos, puntuales y ajustados a los imperativos del momento.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s