Tenacidad, bravura, condición de mujer


By Yudith MADRAZO SOSA

Hace 82 años, la ciudad de Santiago de Cuba asistía al nacimiento de una más

Vilma Espín Guillois

de sus habitantes. El acontecimiento debió de transcurrir sin atisbos de excepcionalidad. Sin embargo, aquel 7 de abril de 1930 venía al mundo quien luego personificaría la lucha por las reivindicaciones femeninas en la isla: Vilma Lucila Espín Guillois.

No obstante ser miembro de una familia acomodada, de joven Vilma dio muestras de un espíritu que se estremecía ante los desmanes de la sociedad. Por eso figuró entre los primeros de su generación en pronunciarse en contra del golpe de estado perpetrado por Fulgencio Batista.

Santiaguera nata y probada en el amor a la Patria, no quedó insensible ante la noticia del asalto al Cuartel Moncada. Como consecuencia, su hogar se contó entre los que abrieron las puertas para ofrecer amparo a los asaltantes cuando huían de los soldados de la dictadura. Ese hecho, junto con el alegato de autodefensa de Fidel “La Historia me Absolverá”, conmovió su juventud revolucionaria, tal como ella misma expresara al evocar los años mozos.

En aquellos días de 1953, nacía la tenaz luchadora clandestina. Los sucesos del 26 de Julio la conectaron a la figura de Frank País, de quien resultó una cercana colaboradora. Integró la organización Acción Revolucionaria, fundada por el joven maestro. Sin embargo, sería en el Movimiento 26 de Julio donde desplegaría Vilma sus dotes de organizadora y combatiente. En el seno de esa organización cumpliría las más arriesgadas tareas y daría cauce a sus hondos sentimientos patrióticos, sociales y humanistas.

Déborah, Alicia, Mónica, constituyeron los nombres bajo los cuales se cubrió para llevar a cabo peligrosas misiones revolucionarias, en las que hizo gala de mucha serenidad y valentía.

Tales cualidades no menguaron cuando cambió su escenario de lucha y se convirtió en la legendaria guerrillera Mariela del II Frente Oriental Frank País, comandado por quien luego sería su inseparable compañero, amigo y esposo: Raúl Castro Ruz.

Tras el triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, Vilma continuó desarrollando diversas acciones. Pero la constitución de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) la consagró como líder de las féminas de la isla, por cuya plena emancipación y desarrollo luchó con denuedo.

La construcción de escuelas y hospitales, la atención a niños que deambulaban por las calles en los primeros tiempos posteriores a la victoria, el mejoramiento de la vida en los barrios, junto a otras tareas sociales, figuraron entre las actividades a las cuales la naciente organización convocaba, de manera masiva, a todas las nacidas en la isla. Y allí estaba Vilma, electa presidenta de la FMC por la Asamblea Constitucional, como en cada momento clave de la vida de la mujer cubana.

Mucho deben las hijas de Cuba a quien siempre se desveló por su superación educacional, ideológica y cultural. Un pasaje inolvidable aconteció cuando campesinas de distantes lugares de la nación llegaron a La Habana a recibir clases de corte y costura. Todas ellas tuvieron, al menos para el comienzo, una máquina de coser. El curso representaba el comienzo de un camino que condujo a miles de féminas a una circunstancia distinta, donde les abrían las puertas a la  plena participación en la vida económica y social del país.

Vilma fue una de las más entusiastas colaboradoras de Fidel en el impulso del conocimiento, la superación cultural. También prestó especial atención a la preparación militar de las mujeres y a su incorporación como oficiales en las Fuerzas Armadas.

Su lucha por lograr la comprensión de la igualdad de género comenzó desde enero de 1959. Con tal objetivo encabezó la batalla para eliminar la cultura retrógrada acerca de los roles de género, con los consiguientes prejuicios, los estereotipos sexistas tradicionales, los tabúes, para hacer realidad los principios que condenan toda clase de discriminación o cualquier otra expresión de desigualdad y trato peyorativo.

A lo largo del período revolucionario, Vilma participó en múltiples organizaciones y proyectos nacionales e internacionales, donde evidenció su tenacidad y capacidad creadora. Alternó tales responsabilidades con otras de gran importancia, mientras mantuvo una meritoria labor dirigida a la formación de las nuevas generaciones.

Además, mostró una permanente preocupación por los problemas sociales y respaldó las tareas vinculadas al desarrollo de la ciencia en diferentes ramas.  En el ámbito internacional, fue reconocida como destacada dirigente política y presidió delegaciones de Cuba a numerosos eventos en diferentes continentes.

Por su trayectoria Vilma Espin Guillois mereció la Orden Mariana Grajales, la Ana Betancourt, las Medallas de la Lucha Clandestina, de la Guerra de Liberación, además de otras condecoraciones, tanto nacionales como internacionales.

Así fue Vilma, una mujer poseedora de extraordinarios valores humanos. Y en la excepcionalidad de su historia, la evocan muchas cubanas y cubanos, en cuyo recuerdo cada 7 de abril renace incansable, generosa, sencilla.

 

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