Día Mundial de la Infancia: 24 horas no bastan (+ Vídeo)


By Yudith Madrazo Sosa

Cada primero de junio, desde 1982, el mundo asiste a la celebración del Día Mundial de la Infancia (DMI). Sin embargo, ante el panorama de este grupo etáreo en el orbe no pocas personas se preguntan: ¿acaso resultan suficientes 24 horas para saldar la deuda de la humanidad con su renuevo? ¿Qué decir a los millones de infantes que una jornada como hoy amanecen despojados de la posibilidad de probar el bocado que otros, distantes en espacio y circunstancias, arrojan sin estupor a la basura? ¿Cómo hablar sobre esta conmemoración a los pequeños y pequeñas cuya existencia en disímiles puntos del planeta transcurre bajo la zozobra de los conflictos bélicos?

Pero llega junio y con su estreno la posibilidad de aunar voluntades en virtud de cambiar el estado actual del retoño de la sociedad. Las cifras suelen vestirse de hielo y no abarcar los diversos matices de un mismo asunto. No obstante, algunos datos señalan en el presente el sendero a seguir para hacer más llevadera la vida de millones de niños y niñas.  

En esta oportunidad, la observación de la fecha pone los ojos en la situación de quienes viven en zonas urbanas, población estimada en unos cientos de millones. Tal como muestra el Estado Mundial de la Infancia, documento del UNICEF, tales  niños y niñas viven en la actualidad en barrios marginales y muchos carecen de acceso a los servicios básicos.

Dicha población se vuelve vulnerable a peligros como la violencia, la explotación, las lesiones, las enfermedades y la muerte precoz causada por las condiciones de hacinamiento en asentamientos construidos en lugares insalubres. Sin embargo, tal situación junto a las necesidades de estos grupos, subyacen en cifras generales que indican cómo las condiciones de vida de los niños y niñas en las zonas urbanas son mejores que las de sus pares en las zonas rurales, lo cual encubre las diferencias existentes entre los niños que residen en las ciudades.

No podemos soslayar el hecho de que cientos de millones de niños, niñas y jóvenes habitan en las mismas ciudades que los miembros de las élites políticas, culturales y comerciales. Con la diferencia de los primeros solo luchan por subsistir.

Muchos hurgan en la basura en busca de algo que vender o se esclavizan en diferentes trabajos. A otros sólo les queda el camino de la prostitución, las pandillas, la delincuencia. No son pocos quienes pasan la noche en viviendas provisionales, bajo la amenaza de desahucio o en las calles.

¿Podemos consentir tal situación?  Aunque en Cuba los infantes gocen de prerrogativas y derechos garantes de su bienestar y desarrollo no dejamos de sensibilizarnos con los pequeños y pequeñas que viven en condiciones de desventaja.

“Todos los niños desfavorecidos son el testimonio de una afrenta moral; a saber, la incapacidad de asegurar su derecho a sobrevivir,  prosperar y ocupar un lugar en la sociedad. Y cada niño excluido representa una oportunidad perdida, pues cuando una sociedad no presta a los niños de las ciudades los servicios y la protección que les permitirían llegar a ser individuos productivos y creativos, deja de beneficiarse de los aportes sociales, culturales y económicos que habrían podido hacer”, afirma Anthony Lake, director ejecutivo del UNICEF.

Tal como exhorta el documento, “el bienestar de los niños y niñas viene determinado en muy gran medida por su entorno. Sus necesidades y prioridades particulares deben traducirse en esfuerzos por mejorar la vivienda, la infraestructura, la seguridad y la gobernanza. Por ello, las labores de administración local y de planificación urbana han de acometerse con un reconocimiento explícito de los derechos de la infancia y los jóvenes, y con una mayor atención a la edad y al género”.

Este primero de junio debe servir, por consiguiente, para llamar la atención sobre las circunstancias actuales de la infancia en el entorno urbano y unir esfuerzos y energías en virtud de situar sus derechos de la infancia en el centro de los programas. Un día no basta, lo sabemos, pero no resulta poco para comenzar a tomar acciones en pos del bienestar de “la esperanza

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