“Nunca digas yo no puedo”


By Yudith Madrazo Sosa

Discapacidad palabra retadora

que obliga a ser, a no rendirse

a crear estrategias innovadoras

a reinventar el mundo cada día

A vestirse de amor y de esperanza

a entender la fragilidad humana

cristal mágico para ver el cielo

desde ópticas nuevas y disímiles

llave para redescubrir el secreto

del sentido oculto de la existencia

dura lección de vida, de humildad

lágrimas, muchas lágrimas azules

(Autor desconcido)

ImageDescribir a Diosdado Fonseca González es como hablar de la tenacidad y el arrojo escondidos bajo la piel de un ser humano. Dos fechas y un mismo percance no condujeron a este hombre a la postración o al ostracismo. Jamás espere hallar en él atisbo alguno de autocompasión. Su historia, más bien, representa el espejo donde se miran quienes se ciñen de bríos para desafiar  los reveces de la vida.

De oficio soldador y mecánico, los días de este rodense dieron un vuelco cuando el 4 de noviembre de 1996 perdió su diestra mientras operaba una trilladora. Sin embargo, tal accidente no significó el fin sino el comienzo de una nueva etapa.

“Imagínate, perder la mano derecha no es nada fácil. Me sentí un tanto deprimido, sobre todo cuando en el hospital me veía rodeado de familiares y amigos. La emoción me hacía llorar. Pero siempre tuve fuerza de voluntad para encarar aquello.

”En aquél momento me impuse dos tareas: aprender a escribir y a usar la mocha con la mano izquierda. Todas las mañanas practicaba un par de horas, hasta lograrlo. Así, poco a poco, comencé a llevar una vida normal, incluso hacía mis labores de mecánico”, relata Diosdado.

Diez años después se repitió el siniestro, también en aquella máquina, y esa vez te privó del otro brazo. ¿Cuál fue tu reacción entonces?

“No le di mucha importancia, nunca sentí complejos. Sólo pensaba en cómo iba a evolucionar y afrontar mi nueva vida. Recuerdo cuando estaba en la sala de Terapia y me preguntaba: ‘¿qué me hago ahora sin manos?’ Todo el tiempo pensaba en cómo iba a realizar las cosas, porque soy una persona muy independiente. A los quince días ya comía sin ayuda. Había inventado una especie de prótesis con se fin, la cual más adelante perfeccioné.

  “El fisiatra me había asegurado que con el tiempo llegaría a efectuar muchas cosas, y así fue. A partir de ahí comencé a intentar varias y cuando lograba una mi alegría era inmensa. Paso a paso alcancé a llevar mi vida normal. Recuerdo cómo en cierta ocasión, viéndome trabajar, un hermano mío le comentó a un amigo:’yo quisiera ayudarlo, pero si se lo pido, va a sentirse mal’. Y no se trata de causarme molestias. Cualquier persona, aun sin discapacidad, llega a necesitar la ayuda de otra. Pero yo no quiero ser un inútil. Tengo la voluntad de hacer.

“Converso bastante con mi hijo y cuando él me dice que no es capaz de emprender algo yo le respondo: ‘nunca digas yo no puedo; inténtalo. Le hablo así para entrenarlo, prepararlo para el futuro”, enfatiza.

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¿Qué les dirías a otras personas aquejadas de alguna discapacidad?

“Que no se aflijan por nada. La vida es una sola y es necesario luchar por ella, enfrentarla con valor, firmeza, optimismo, siempre pensando en positivo, mirando hacia el frente. Yo me preocupo a  menudo por el futuro, pues no sé lo que éste me depare. Tengo una esposa muy buena, me ha ayudado mucho y la siento como una madre. Pero no puedo atenerme a ella todo el tiempo. Por eso me preparo para lo porvenir, me lo hago todo”.

Tienes un hijo de doce años. ¿Cuánto representó su llegada?

“Un gran orgullo. Él me da fuerzas para seguir viviendo. Un hijo es algo grande, te infunde valor para luchar y continuar adelante. Cuando estás afligido, su sonrisa, su atención, resultan un gran estímulo”

¿Cuál cualidad valoras más en el ser humano?

“La honradez y la sociabilidad”.

¿Si pudieras eligir ser un animal, cuál te gustaría?

“Un perro, pues es siempre fiel a su dueño”.

¿Y si un árbol?

“Uno que diera sombra todo el tiempo, para dar cobijo bajo mis ramas a quienes quieran”.

Con palabras y gestos cargados de confianza, Diosdado abre ciertas páginas de su vida. Una insatisfacción lo ronda: la falta de atención por parte de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores en su municipio. Sin embargo, deshoja sus días con convicción y tranquilidad. Carece de sus manos, mas tiene la certeza, y lo muestra, de cuánto pesa un cuerpo guiado por la inteligencia y la determinación.

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