¿Pato o águila? (+ Vídeo)


By Yudith Madrazo Sosa

Rodrigo estaba en cola para dirigirse al aeropuerto. Al acercarse el primer taxi, le llamó la atención la pulcritud del vehículo y el buen porte del conductor. Con admirable camaradería, el taxista le abrió la puerta trasera, le alcanzó un cartón plastificado y le dijo:”yo soy Willy, su chofer. Mientras pongo su equipaje en el maletero, me gustaría que leyera mi Misión”. Con curiosidad, Rodrigo leyó el documento: “Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera mas rápida, segura y económica posible, brindándole un ambiente amigable”.
El cliente quedó asombrado, pero su fascinación crecía ante cada sugerencia del chofer. A la nota de presentación siguió la invitación a café, refresco, jugo, agua, todo según su preferencia. Luego le brindó material para leer durante el viaje y una lista de temas musicales para que escogiera. Cual si fuera poco, le preguntó si estaba de acuerdo con la temperatura del aire acondicionado y con la ruta que había seleccionado para llegar lo antes posible al destino. También le hizo saber su disposición a conversar con él o, si prefería, lo dejaría solo en sus meditaciones.


“Dime Willy, ¿siempre has atendido a tus clientes así?, pregunto asombrado Rodrigo. Willy le sonrió a través del espejo retrovisor. “No, no siempre. De hecho, solamente los últimos dos años. Mis primeros cinco manejando los
gasté la mayor parte del tiempo quejándome igual que el resto de los
taxistas.
“Un día escuché en la radio a un especialista en desarrollo personal afirmar que si tú te levantas por la mañana esperando tener un mal día, seguramente lo tendrás. Él decía: ‘Deja de quejarte. Sé diferente de tu competencia. No seas un pato. Sé un águila. Los patos solo hacen ruido y se quejan, las águilas se elevan por encima del grupo’.
“Eso me llego aquí, en medio de los ojos”, expresó Willy. ”Yo todo el tiempo hacía ruido y me quejaba, entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Miré alrededor a los otros taxis y sus conductores. Los autos estaban sucios, los choferes no eran amigables y los clientes no parecían contentos. Ahí me propuse realizar algunos cambios, uno a la vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más.”
“Mi primer año de águila dupliqué mis ingresos con respecto al anterior. Este quizás los cuadruplique. Usted tuvo suerte de viajar conmigo hoy. Por lo general, ya no estoy en la piquera. Mis usuarios hacen reservación a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestador. Si yo no puedo servirlos, consigo un amigo águila confiable para que haga el servicio”.
Rodrigo concluyó su viaje maravillado. Willy le había dado una gran lección. Hacía el servicio de una limusina en un taxi convencional. Era el resultado de haber tomado un camino diferente. Resolvió dejar de hacer ruido y lamentarse
como los patos para elevarse por encima del grupo, cual un águila. Comenzó a ofrecer lo mejor y a cambio aumentó su peculio de forma considerable.
La historia anterior nos recuerda cuán urgidos estamos la mayoría de los cubanos de parecernos a Willy. Resulta casi una rareza encontrar esa actitud de águila en quienes ofertan un servicio, cualquiera sea este. Como tendencia, gimoteamos acerca de las carencias y dificultades en lugar de buscar soluciones y fomentar aquellos detalles conducentes a un mejor desempeño y, por consiguiente, la complacencia del público.
Con una conducta similar a la de Willy deberíamos aderezar nuestro día a día, sin importar en cuál área de la vida nos desenvolvemos. ¿Por qué excusar con las desventajas económicas ciertos problemas, cuando su desenlace descansa más en nuestra voluntad que en la disponibilidad de recursos? Algunos me afloran a la mente: ómnibus con asientos deteriorados o ventanillas rotas; servicios de reparación de electrodomésticos alejados de la población disque por falta de transporte o desavenencias en el pago del consumo eléctrico; demoras inauditas en no pocas tramitaciones, entre otros.
El taxista no necesitó mucho más de cuanto ya tenía para emprender un vuelo alto. No se justificó con la imposibilidad de adquirir un vehículo nuevo o sus bajos ingresos. Tan solo cambió de actitud y los resultados fueron notorios.

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