Al lado del corazón


  By Yudith Madrazo Sosa y Leyaní Díaz Hernández

“No fue fácil dar este paso, me costó mucho, pasé largas horas 3violencia-a-la-mujer debatiéndome entre el miedo y la incertidumbre. Ahora con la herida ya bastante sanada, me atrevo a compartir mi historia con la esperanza de ayudar a otras aquejadas de mis mismos problemas, aunque hay una razón mayor:…sacarme de adentro tanto dolor y tanta rabia.   

“Creía que cuanto me pasaba era normal, incluso, llegué a aceptar la idea de estar condenada a los hombres violentos. Tenía una escasa formación, había dejado la escuela en noveno grado para casarme. Buscaba a alguien que me representara, me mantuviera, me diera una vida cómoda. Belleza y juventud no me faltaban y esa era mi única aspiración. Traté de ser para Víctor, el primero, la mejor de las esposas, vivía atenta a sus necesidades, a sus caprichos, pero él nunca parecía conforme.   “Al principio, no me molestó su rudeza. A fin de cuentas, siempre me gustaron los hombres bien machos, que no fueran blandengues, ni se dejaran mangonear por las mujeres. Pero a los gritos y las malas palabras le siguieron pronto los golpes. Así y todo no quería dejarlo. Ya tenía un niño con él y me atemorizaba la idea de criarlo sola. Fue él quien me abandonó, cuando se fue de casa a vivir con otra.   “Los que vinieron después no fueron diferentes. Antonio, además de golpearme, me negaba el dinero, me prohibía reunirme con mis amigas y me repetía que yo no servía para nada, que era un desastre como ama de casa, que sin él no llegaría a ninguna parte y cosas así. Me esforzaba al máximo para complacerlo, pues de alguna manera me sentía culpable de despertar sus celos y su ira, aunque de nada servía. Me costó deshacerme de él, pero lo hice y al poco tiempo conocí a Miguel.

  “Con esta nueva relación volvieron mis esperanzas de encontrar a un hombre bueno. Sin embargo, muy pronto se desvanecieron las ilusiones. No tardé en conocer otra vez el abuso. Vivía en una eterna pesadilla, temiendo la hora en que volvería borracho a la casa, dispuesto a descargar sobre mí sus frustraciones del día y a apoderarse por la fuerza de mi cuerpo. Traté siempre de esconder las huellas de la golpiza de mi hijo, mi familia, los vecinos, pero ellos sabían, sabían y me alertaban, y yo era incapaz de reaccionar. No quería escucharlos y hasta llegué a romper con algunos.  

”Un día la situación llegó a un límite insostenible. No pude más y salí en busca de ayuda. Ya me habían hablado de la Casa de Orientación a la Mujer y a la Familia y aunque no ignoraba que podría pagar un precio alto por aquel paso, por fin encontré agallas para darlo. No me detuve a pensar en la reacción iracunda de Miguel. Si antes no lo había denunciado, era por miedo, pero ahora mi temor mayor era dejar a mi hijo huérfano el día menos pensado.

  “Aquella mañana, mi vecina, con timidez, puso en mis manos una hoja de papel con el fragmento final de un poema anónimo: ‘La mujer salió de la costilla del hombre./ No de los pies para ser pisoteada./ No de la cabeza para ser superior./ Sino del lado para ser igual./ Debajo del brazo para ser protegida./Y al lado del corazón para ser amada…’. En ese momento comprendí cómo todos aquellos años había existido sin vivir, muriendo de a poco. Entonces supe que ya era hora de reencontrar mi vida”.  

El relato anterior, tomado de un testimonio real, representa un espejo donde se miran, por desventura, no pocas cienfuegueras.Las cubanas acarician conquistas aun impensables para un gran número de sus congéneres en el orbe, sí. Pero como en todas las naciones del planeta, el fenómeno de la violencia las alcanza sin reparar en estratos sociales, edad, o niveles académicos.

Las históricas y múltiples formas de inequidad que todavía perduran entre representantes de uno y otro sexo perpetúan la aparición de este fenómeno. Tal flagelo se cimienta en la desigual relación de poder ejercida por los hombres sobre las mujeres a través de las épocas, basada, sobre todo, en interpretaciones erradas de feminidad y masculinidad.

De tal suerte, se entiende por violencia contra la mujer cualquier acción o conducta, basada en su género, que le cause muerte, daño, sufrimiento físico, sexual o psicológico, tanto en el ámbito público como en el privado.

QUIERO SER MUJER NO FRAGMENTADA

Cual en el poema de la dominicana Yrene Santos, cada día un crecienteviolencia 2 número de cienfuegueras sobrevivientes de la violencia deciden ventilar sin miedo su situación. Ayuda a tal determinación las prácticas puestas en marcha en la provincia para intensificar las acciones educativas y las campañas contra este mal.

De acuerdo con Alain Darcourt Rodríguez, presidente de la Comisión Provincial de Educación Sexual, en comparación con años anteriores ha aumentado el número de casos atendidos en la Casa de Orientación a la Mujer y a la Familia (COAMF) en el municipio de Cienfuegos.En ello inciden factores como los arriba mencionados, junto al hecho de una cifra creciente de personas que reconocen ser víctimas de violencia.

“Una de las condiciones más tentadoras a ocultar el fenómeno radica en que muchas veces se naturaliza cual si se tratara de acciones cotidianas. Por eso, cuanto más se esclarecen el discurso de paz, las formas sanas de convivencia, más las personas reconocen el mal o lo denuncian. Se ha hecho promoción en los servicios, las COMFS, y la preparación del propio sistema de Salud hace que las personas conozcan la existencia de instancias concretas a dónde pueden dirigirse. Entonces deciden salir del anonimato y denunciar los sucesos”, afirma el especialista.

Sin embargo, acota, las acusaciones no significan ni un 25 por ciento de los eventos ocurridos en la comunidad. Todavía la mayoría de las mujeres víctimas de la violencia no culpan al agresor e incluso no reconocen serlo. No obstante, en Cuba la prevalencia se comporta por encima de cifras internacionales, pues los estudios realizados en el país utilizan instrumentos más específicos, capaces de proveer datos más fiables, según asevera la Doctora en Ciencias Laura López Angulo.

“Dichas investigaciones –argumenta- ponen sobre el tapete conductas que, por habituales, no son reconocidas como actos violentos por ningún miembro de la pareja. El enfrentarse a esos instrumentos coloca a las féminas en una posición de repensar sus relaciones”, aduce. Según informa, la mortalidad se ha mantenido estable en los últimos diez años, con alrededor de 42 fallecidas. Seis de cada diez  mujeres han sido víctimas de maltrato psicológico; siete de tipo físico; tres económico y cinco, sexual.

“En el caso de la cabecera provincial, Tulipán es el barrio donde más hechos de este tipo se denuncian. El segundo lugar lo ocupa Punta Gorda y el tercero, Caunao. San Lázaro, Punta Cotica y Reina, le siguen en el orden. De acuerdo con investigaciones realizadas por la Doctora en Ciencias, las víctimas del abuso presentan escaso control de las emociones, mientras los mecanismos de afrontamiento varían según la etapa de crisis por la cual transcurran.

En coincidencia con otros (as) autores (as), expone que durante la primera fase las víctimas utilizan el recurso de la negación: minimizan los actos y las consecuencias, se niega el abuso y se culpan a sí mismas de haberlos provocado. En la segunda, afloran recursos de adaptación, intentos de explicación del porqué ocurrió y del significado de lo acontecido. En la tercera, el recurso es el de reevaluación positiva, cuando se deciden a denunciar el abuso, buscar consecuencias legales para ello o la separación de la pareja.

“Lo más inquietante es que esos períodos suelen tardar mucho tiempo y cada fémina los vive según su capacidad de percepción de si es o no perjudicada por tales actos. Casi siempre dichas tragedias ocurren entre los 31 y 40 años de edad, cuando se hallan en plena capacidad y, por tanto, representa un lapso potencialmente perdido para ellas”, puntualiza López Angulo.

Aunque desde los años iniciales de la Revolución Cuba cuenta con una política bien diseñada en virtud del adelanto femenino y el logro de la equidad de género, todavía queda un largo camino por recorrer para alcanzar las aspiraciones de una verdadera cultura de paz, donde las relaciones de dominio de ellos sobre ellas se conviertan en recuerdos del ayer.

Tal como manifiesta Perla Delgado Valle, jefa del departamento de Protección de los Derechos Ciudadanos en la sede provincial de la Fiscalía General de la República, en nuestro país se garantiza el pleno ejercicio del derecho de las mujeres, pero todavía no hemos alcanzado otras metas.

“Desde 1959 comenzamos a introducirnos en el escenario público, pero los hombres no se han introducido en el ámbito privado con la misma rapidez. Mientras eso no ocurra, no podemos hablar de igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Esta categoría está dada, a mi entender, en que seamos iguales a partir de las diferencias.

“En mi opinión, el estado debe lograr no solamente el ejercicio pleno del derecho de las féminas, sino también respaldar esa voluntad con prácticas y acciones que propicien la equidad de género”, subraya.

Cuba figura entre las naciones donde todavía no existe una ley específica para tratar la violencia de género. No obstante, la legislación vigente incluye figuras que permiten procesar muchas de estas agresiones. Otras normativas como el Código de Familia, apuntan a la prevención del flagelo al interior de la pareja, pero precisan de urgente actualización. Tales fisuras en el entramado legal propicia la reticencia de no pocas a acusar los hechos.

Así lo confirma el psicólogo Darcourt Rodríguez. “Hay matices que no llegan a estar incluidos dentro de ley. Por ejemplo, la necesidad de la existencia de lesiones para realizar una denuncia efectiva contra el victimario limita a la mujer a la hora de dar el paso”, asegura.

Concuerda con dicha afirmación la fiscal, quien alude a cómo todavía en el Derecho existen sanciones iguales para delitos de mujeres y hombres. “No debe ser así, porque en determinado momento ella puede atravesar por una situación diferente. En un delito de tentativa de asesinato u homicidio, pongamos por caso, de una mujer hacia el hombre pueden gravitar razones, factores y motivaciones diferentes a las que llevan al hombre a cometer ese mismo acto contra ella.

“En este último caso generalmente se da una situación de dominio, de control. El sistema de justicia debe, entonces, abordarse de manera distinta, con perspectiva de género. De lo contrario, le da tratamiento igual a personas desiguales. Debe tratar de incluir los temas de violencia hacia la mujer en el procedimiento intrafamiliar, e incluir el delito de malos tratos. Pero no se trata solamente de modificar y sumar normas, sino de hallar los mecanismos para hacerlas cumplir”, acentúa.

MUY PRONTO EN MI VIDA PARA MÍ FUE MUY TARDE

Para que la trágica frase de la novelista, guionista y directora de cine francesa Marguerite Duras no cale en la realidad de las cubanas y, específicamente, de las perlasureñas, en la provincia se dan pasos hacia la profundización en el tratamiento a la violencia de género.

De acuerdo con Darcourt Rodríguez, instituciones del territorio como la Comisión Provincial de Educación Sexual, la Cátedra de Género y Sexualidad de la Universidad de Ciencias Médicas y la Cátedra de Salud y Escuela de la Universidad de Ciencias Pedagógicas, de conjunto con la FMC registran avances significativos hacia dicho empeño.

“Hemos realizado talleres de capacitación a la PNR y a las funcionarias de la Federación para ofrecerles las herramientas que les permitan conducir de una manera más eficaz el proceso, identificarlo en los barrios. También hemos llevado tales acciones al sector de la Salud, específicamente al de Salud Mental, con la finalidad de dotarlos de mejores herramientas para atender esos casos. Pues otro de los factores vistos a diario es la revictimización que se produce sobre las agredidas, algunas de las cuales son cuestionadas por las propias autoridades al recibir el caso, casi siempre por falta de conocimientos o por carecer de métodos adecuados para entrevistarlas”, confirma Darcourt Rodríguez .

Según señala, los y las especialistas no pasan por alto la implementación de estrategias de ayuda a los abusadores, sobre todo en lo concerniente a la construcción de la masculinidad.

“Les damos tratamiento en cuanto a los estereotipos relacionados con la competitividad, la forma violenta de resolver los conflictos, la subestimación a la mujer y el reconocimiento de ellos como cabeza de familia, los cuales necesitan ser cuestionados. Indudablemente, el país ha avanzado mucho en la equidad de género, pero la existencia de, por ejemplo, una doble jornada para la mujer –la del trabajo y la de las labores hogareñas- te dice que todavía el paradigma patriarcal no ha sido suficientemente erosionado. Porque sí, la mujer ha salido del espacio privado y conquistado el público, pero el hombre sigue siendo un feudo del espacio público y no ha entrado a compartir las tareas del ámbito privado.

“Como parte de esta política, invitamos a hombres a los debates y talleres sobre el tema, pero urge crear más espacios, pues no solo no existe la conciencia o la disposición a un nivel de sensibilización alrededor del asunto, sino que no es costumbre. Por tanto, aprovechamos contextos a donde confluyen ellos y ellas por igual e introducimos la temática”, argumenta.

DESEO QUE SE AMEN HOY, MAÑANA Y EN LOS DÍAS SIGUIENTES

y cuando estén exhaustos y sonrientes, todavía haya amor para violencia-contra-la-mujer (1) recomenzar. Y si todo eso ocurre, no deseo nada más para vos. Cual sentencia Vinicius de Moraes, la fatiga por la existencia debe ir acompañada de una buena dosis de afecto y así mitigar determinadas conductas que podrían ser tendentes a una mala relación de pareja. Ambos miembros deben ser capaces de reconocer si sus relaciones están basadas en la igualdad o si por el contrario, el control y el dominio forman parte de sus afectos.

“En el trabajo desplegado en las universidades –refiere Darcourt Rodríguez – al tener en cuenta a la juventud como agentes de cambio para el futuro, abordamos el tema de la masculinidad y de la violencia, desde el punto de vista del hombre para promover la adopción de conductas más asertivas, la cultura de la paz”.

Para lograr esta cultura de paz y socializar valores donde prime la equidad, es necesario ofrecerles tratamientos a los hombres maltratadores porque para ellos no todo está perdido. El comportamiento violento se aprende en el seno del hogar o en el medio donde el individuo se desenvuelve, no es un mal incurable. De ahí que la Comisión Provincial de Educación Sexual, de conjunto con otras instituciones, se interesen por escuchar el “lenguaje que late en los silencios”, a la vez que comparten criterios y realidades.

Discurso de un Abusador

 

“Hasta ahora la mayoría de los casos responde positivamente cuando convocamos a las parejas de las víctimas a acudir a un proceso de mediación o consejería. Pocos se niegan. Cuando hablan sobre las razones por las cuales ejercen la violencia exponen un gran saco de mitos, creencias, y estereotipos acerca del género, la forma de manejar la relación entre hombres y mujeres, con la visión de subordinación de ellas hacia ellos, sin excluir a los hijos.

“Como han sido educados en la competitividad, la fuerza, en resolver los problemas de una forma impositiva, son incapaces de dialogar de igual a igual la solución de una problemática y asumir una postura mucho más positiva. Creen que de esa manera laceran su masculinidad o rebajan su dignidad. Muchos trasladan el origen del problema a causas circunstanciales como los celos, el no cumplimiento de órdenes o indicaciones, una mala contesta, o el no estar en la casa al regreso de ellos, pero nada justifica la violencia. Otros depositan abiertamente la culpa en ellas, las acusan de ser las violentas y las descaracterizan”, argumenta el especialista.

Según alega, en la mayoría de los atendidos han logrado una comprensión del problema, pero no en la medida deseada. Aunque los maltratadores acceden al proceso de mediación, de discusión, no aceptan someterse a procesos más profundos de reestructuración de sus conductas. Y justo en la readecuación de ciertos comportamientos yace la clave para eliminar la conducta violenta de tales individuos. Aquí también la prevención siempre será más eficaz que la cura. Así lo entiende el cantautor Roberto Novo Serra al referirse sobre el asunto.

“Como artista y, específicamente, como músico, me gustaría pensar que en este tema de la violencia de género de alguna manera se tiene real conciencia sobre todo aquello que voluntaria o involuntariamente propicia y/o potencia tal proceder. O sea, todo aquello que ocurre antes del propio acto violento.

“Creo que una vez consumada la práctica de ese atentar contra la mujer, poco o nada queda por hacer que no sea lamentar lo sucedido, quizás, en algún caso, denunciar y, si acaso, castigar. Por eso me parece más importante prevenir o evitar. De ahí que se vea con toda seriedad y responsabilidad la existencia y nocividad que se esconden tras ciertas expresiones ‘artísticas’ que prácticamente invitan y abrazan la violencia, el desorden, el marginalismo y la mediocridad”, comenta.

Satisface constatar la opinión de no pocos jóvenes, quienes comprenden el impacto negativo del fenómeno y muestran una actitud positiva en pos de su erradicación. Al ser abordados sobre el tema, algunos estudiantes de nivel medio superior coinciden en fustigar la actitud de ciertos muchachos cuando, enojados con sus novias, resuelven los problemas con malas contestas o algún que otro golpe. La mayoría de los entrevistados concuerdan en la necesidad de abordar esos temas en los distintos niveles de enseñanza, donde se les brinde elementos sobre la violencia, cómo reconocerla y cómo ayudar a las víctimas.

También reconocen la igualdad de oportunidades entre los y las jóvenes en la actualidad, en tanto ven como arcaico el encasillamiento de mujeres y hombres en tareas que pueden compartirse por unos y otras al interior del hogar.

De acuerdo con estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, hasta el 70 por ciento experimenta la violencia en el transcurso de su vida. La espeluznante cifra nos recuerda que el fenómeno no constituye una sumatoria de casos aislados, sino un grave problema social.

La violencia de género constituye una violación a los derechos humanos y un ataque a la libertad y la dignidad de las personas. En todos y todas descansa la responsabilidad de lograr que ni una más se añada a la lista de agredidas. Decir No al fenómeno equivale a dar un SÍ a la pretensión de fomentar la convivencia armónica en las relaciones personales y sociales entre ellos y ellas.

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