Cuando el amor hace crecer


By Yudith Madrazo Sosa

Escuché que nos querían dar “un asalto” y mi primera reacción fue de DSC07837impaciencia: el reloj y la página mitad en blanco me atizaban la urgencia por los trabajos a entregar. Los miércoles en la redacción de un semanario que circula dos días después transcurren entre la espada del apremio y la pared de los sucesos impostergables.

“No puedes rehusarte a bajar, mira quiénes han venido”, me insistió un colega. Al punto me encontré frente a un grupo de singulares “artistas”, personas con diferentes discapacidades que regalaban a los trabajadores del Cinco una función despojada de barreras.

“Pertenecen al Taller Aprendiendo a Crecer, auspiciado por Cáritas Cuba,y estos son los Chicos de Patrocinio”, me informó Ana Margarita Navarro Valdés, una de las colaboradoras de dicho programa en Cienfuegos. Así conozco que el proyecto comenzó en Cuba en 1993 y tiene la misión de favorecer y promocionar a las personas con dolencias como el Síndrome de Down, Autismo, Síndrome Prader Willi, Parálisis Cerebral, así como discapacidades físico motoras y de otros tipos.

“Busca incentivar a estas personas y sus familia, mediante el desarrollo e habilidades para su independencia y socialización”, afirmó Ana Margarita. Por ello, junto a la incursión en la música y otras manifestaciones artísticas, los integrantes de este taller acceden a juegos didácticos y otras prácticas que les propicia el fomento de habilidades manuales y la expresión oral.

Daniel y Keny, dos de los intérpretes, desconocen el significado de la palabra “discapacidad”. ¿Acaso no ganó el primero una medalla en natación en China? ¿Y qué le impide al segundo ser amante de la obra del Indio Naborí, cuyos versos, según me contó, gusta recitar? No. Sus dificultades no los hacen inútiles. Solo un poco más lentos, un poco menos autónomos.

Al escucharlos cantar y declamar, bajo la conducción de la encomiable promotora cultural  Luisa Acea, percibimos que no solo ellos necesitan aprender a crecer. Más aún nos urge a las personas convencionales quienes, afanados en nuestras propias preocupaciones, pasamos por alto detalles imprescindibles de la vida, esos que nos enseñan que las limitaciones no están en la ausencia de algún miembro de nuestro cuerpo, o la carencia de ciertos sentidos, o en el corto entendimiento, sino en nuestra poquedad para asirnos a las cosas invisibles e imperecederas como el amor, cuyo encanto se renueva cada día en quienes hacen realidad proyectos tales.

 

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