En el vacío de la desprotección


By Yudith Madrazo Sosa

Desencanto, enfado, desaliento, animosidad, desamparo…no sabría escoger

Las unidades estatales, incluso aquellas que operan en divisa, encuentran un fuerte émulo en los puestos operados por los llamados cuentapropistas.
Las unidades estatales, incluso aquellas que operan en divisa, encuentran un fuerte émulo en los puestos operados por los llamados cuentapropistas.

con  cual de estos vocablos describir mejor mi estado de ánimo cuando constaté que, otra vez, había caído al precipicio de uno de los desafueros más comunes en el entramado comercial cubano: la compra de artículos de pésima calidad a precios exorbitantes.

Escojo una experiencia personal para retomar el asunto -harto tratado en la prensa nacional- pues, por desventura, mi caso no es la excepción sino la regla de un fenómeno al cual parecemos adictos.

Hace alrededor de cinco semanas adquirí en el centro El Topacio, perteneciente a la cadena de tiendas de ARTEX, un bolso por más de 20 CUC, cifra superior al salario que devengo cada mes.

Decidí comprar dicho artículo porque su diseño se adecuaba a mis exigencias, al confluir en  él, armoniosamente, lo útil y lo agradable. Pero la alegría por la adquisición, cual en la casa del pobre según el refranero popular, duró bien poco. Pasadas tres semanas, la cartera destinada en mis ilusiones a durar, al menos, un año, dio las primeras señales de un deterioro irremediable: la piel se vuelve jirones ante el mínimo roce.

Aun a sabiendas de que había expirado el plazo para la garantía, ¡el insólito plazo de una semana!, acudí al centro comercial con la finalidad de indagar si otras personas habían transitado por igual percance. Fue así. Algunas, sin embargo, tuvieron mejor suerte, el suyo se rompió primero y pudieron recuperar el dinero empleado, según me comentó la administradora.

Tal situación nos coloca de vuelta sobre la cuerda de un tema del cual escuchamos y hasta escribimos con profusión, no obstante se diluye en las turbias aguas de las asignaturas pendientes: la protección al consumidor. Varias preguntas asaltan mi entendimiento: ¿Quién determinó que el lapso de siete días resulta suficiente para garantizar la vida útil de un par de zapatos, una cartera o cualquier otro artículo? ¿Por qué continúan importando géneros de dudosa calidad en detrimento de la satisfacción del cliente? ¿Qué pasa con dichos compradores? ¿Acaso no han de responder por su gestión o les asiste el don de la impunidad?

De acuerdo con Juan Carlos González, gerente comercial de ARTEX en la provincia, siempre que en las unidades se reporte algún problema o deficiencia en los artículos a la venta, envían un parte de calidad a la dirección nacional de la entidad. Ellos tienen la facultad de decidir la salida de circulación de los productos defectuosos, pero lo hacen según la cantidad afectada del volumen de la mercancía.

Cuba vive un crucial momento de transformaciones en el ámbito socio-económico. Y en la práctica del comercio resulta evidente la urgencia de dichas modificaciones. Al parecer, a algunos decisores de la actividad en el país les importa más generar ventas que ganar clientes, en franca ignorancia de cierto principio elemental de un servicio de excelencia. Pues, coincidirá usted conmigo, resulta difícil volver a consumir donde le expendieron un artículo dañado o le ofrecieron una atención deplorable.

Años atrás apuntábamos a la falta de la competencia como freno a la prestación de calidad y la gestión próspera. Ahora, en cambio, las unidades estatales, incluso aquellas que operan en divisa, encuentran un fuerte émulo en los puestos operados por los llamados cuentapropistas. Las flexibilidades ofrecidas por estos en las formas de pago, la atención personalizada a sus marchantes, entre otros elementos, propician su arraigo en un mercado interno, no siempre justipreciado.

¿A dónde bajarán los ingresos en las tiendas recaudadoras de divisa si persiste el expendio de productos de mala calidad a precios impagables por el sudor del ciudadano cubano de a pie? ¿Qué justifica la permanencia de ciertos artículos durante largo tiempo en almacenes, cuando existe alta demanda, si ello contribuye a su pronto deterioro?

Tales interrogantes, más que una respuesta claman por una solución. La nuestra se cuenta entre las primeras naciones en promulgar una Ley de Protección al Consumidor, mas urge hacerla cumplir con eficacia y dotar a los clientes de los recursos necesarios para hacer respetar sus derechos. De esa manera evitaríamos caer al vacío de la desprotección.

Si en verdad cambiamos, debemos modificar el pensamiento y la conducta de comerciantes y consumidores, lograr la comprensión de que los últimos constituyen la razón de ser del trabajo de los primeros. A fin de cuentas, la persistencia de dichos problemas perjudica tanto a unos como a otros, pero lacera mucho más la maquinaria económica de la nación.

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