Las horas de un fiscal


  Aquel 23 de diciembre de 1973, Gilberto Hernández Miranda llegó al Tribunal Provincial Imagede la otrora provincia de Las Villas sin sospechar que esa mañana significaría un punto de cambio en su vida. Se había graduado de mecánico tornero dos años antes y a la sazón cumplía el servicio social en el Comité Provincial de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), con sede en Santa Clara.

  Debió ser la combinación de los bríos característicos de los años mozos con una ya perceptible solidez de carácter, el factor por el cual resultó electo juez lego por la Asamblea del Poder Popular en el antiguo territorio. A partir de entonces, las horas de este cienfueguero, nacido en Cumanayagua, transcurren bajo el aplomo de quien ha dedicado más de tres décadas de servicio a los órganos de justicia.

  Ingeniería Industrial o Derecho. ¿Qué motivó su decisión por la última disciplina?

  “El propio trabajo me hizo ver la importancia de impartir justicia. Ello, unido a la necesidad del país en ese momento de potenciar la labor judicial, me llevó a inclinarme por esta especialidad”.

  ¿Cómo llegó a la Fiscalía?

  “Entre mis funciones estaba la de atender a la región de Cienfuegos. En una visita a esta ciudad, se me acercó la entonces fiscal jefa y me comentó sus intenciones de consultar la posibilidad de que yo fuera admitido como fiscal, aun estudiando la carrera. Obtuvo una respuesta positiva y así, mientras cursaba el segundo año, comencé a laborar en este órgano”.

  Corría el año de 1978. En lo adelante, la incursión de Gilberto en esa rama del Derecho transitaría por varios cargos: fiscal municipal, fiscal técnico provincial, jefe de Causas Penales, responsable de Control de la Instrucción, fiscal jefe en el territorio cabecera hasta llegar a responsable de Control de la Legalidad en los Establecimientos Penitenciarios (CLEP), puesto que ocupa hasta el día de hoy.

  ¿Qué le ha aportado esta función a su vida profesional?

  “Representa una actividad muy útil. Trabajamos con personas que solo tienen privado el derecho a la libertad, pero mantienen el resto y es muy importante velar por que estos se les respeten. Es un trabajo muy profesional y humano. Quien está preso vive en un estado de constante irritación debido al propio encierro. Por tanto, es necesario aprender a tratar con ellos, oírlos, tramitarles cualquier queja y nunca pensar que cuanto te dicen es falso, pues todo tiene la posibilidad de ser verdad”.

  La conversación transcurre con fluidez. Al escucharlo, advierte la reportera que se encuentra en presencia de un hombre que se sumerge con maestría en las honduras de una profesión que demanda entrega y constante superación.

  ¿Cómo ha sido su relación con los reclusos?

  “Bueno, ellos tienen una característica: cuando les hablas debes decirles siempre la verdad, por más dura que sea. Desde el momento que llegas  ala prisión sino le dice algo apegado a la realidad, pierdes credibilidad y hasta lo difunden por todo el penal:’No hablen con ese fiscal que es un mentiroso”. Yo les soy sincero y eso me ha granjeado cierto prestigio ante ellos”.

  Gilberto no solo imprime madurez y seriedad a su labor con los penados. Igual seriedad otorga a la formación de nuevas generaciones de fiscales, a quienes enseña no solo los entresijos de la esfera a su cargo, sino también lo relacionado con la rama penal.

  ¿Le ha reportado gratificaciones el quehacer de educador?

  “Ha sido reconfortante. Muchos jóvenes del sector se me acercan a pedir orientación porque esta parte del Derecho no la ejercitan mucho y cuando quieren incursionar  en ella vienen a nutrirse de mis más de 20 años de experiencia”.

  ¿Qué cualidades considera debe tener un fiscal?

  “Entrega total al su labor. Mantener la imagen pública, la superación profesional. Actualizarse de las últimas normativas. Ha de conservar la dignidad y estar en consonancia con la política del Estado”.

  ¿Cuál consejo les darías a los jóvenes que ingresan en la carrera de Derecho? 

  “Que sean estudiantes apasionados y no se circunscriban en una modalidad específica una vez graduados. Deben tratar de dominar diferentes aristas del quehacer jurídico”.

¿Cómo se describiría a sí mismo?

  “Como un hombre consagrado, que dedica incontables horas al trabajo, pero no descuida el hogar”.

  Gilberto es el segundo en una familia de tres hermanos, esposo de una pedagoga y padre de dos músicos. Para él la familia representa el apoyo sin el cual no podría consagrarse a la Fiscalía. Su hoja de servicios atesora innumerables condecoraciones y reconocimientos.

  Amante de la literatura – especialmente la relacionada con temas jurídicos y psicológicos- , el cine, la música y el teatro, también es un ferviente seguidor del deporte, principalmente del Fútbol y el Béisbol. La ciudad de Cienfuegos, donde desgrana sus días, lo seduce por su hermosura.

  ¿Y qué significa Cuba para usted?

  “La patria que tenemos para vivirla, disfrutarla y defenderla”. 

 

    

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