Los valores se ven en ti


By Yudith Madrazo Sosa

valores01  ¿Quién  no escuchó hablar de los valores? Hoy día se comenta mucho sobre la necesidad de fomentarlos en la niñez y la juventud y reciben acento por parte de las diferentes instituciones sociales. ¿Moda o imperativos del momento? Al parecer, la sociedad ha comenzado a mostrar los signos alarmantes de su resquebrajamiento y ello llama a la reflexión.

Los principios éticos que rigen el existir humano no constituyen reglas vacías o frías, sino señalan una actitud ante la vida y tienen ribetes universales: se cumplen para todas las personas, en todos los lugares y en todas las épocas.

Sin embargo, a través del tiempo las personas han ido perdiendo la noción de lo que es bueno o malo, al  imprimirle al asunto el sello de la relatividad por medio del cual cuanto resulta nefasto para uno no tiene porqué serlo para otro.

Ello explica, aseguran los entendidos, la pérdida gradual de los valores. La preocupación ahora no radica en el hecho de transgredir las normas morales imperantes en una sociedad, sino en que se ha perdido la conciencia de haber obrado mal. ¿Qué hacer ante tal situación? ¿Dónde hallar la solución?

Según los expertos, es en el seno del hogar donde los valores se cultivan en mejor manera, aunque la comunidad y la sociedad en general también intervengan. Descansa en los padres la responsabilidad de inculcarlos a su prole, pero la fórmula debe alejarse de los sermones rígidos y acompañarse del ejemplo. La forma cómo los progenitores procedan ante las personas con quienes se relacionan y ante ciertas circunstancias será fundamental para el pleno desarrollo de sus hijos.

Toca a mamá, papá y al resto de la familia, fomentar en sus descendientes una educación basada en el respeto, la honestidad, la solidaridad, el trabajo, la lealtad, el amor incondicional, la bondad, el afecto, la justicia, la tolerancia, entre otros rudimentos. Pero, sobre todo, resulta necesario ser congruentes con los actos, manifestar coherencia en el testimonio, pues estos aleccionan más que cualquier charla.

De acuerdo con la escritora española Victoria Cardona, los valores no se enseñan; los descubren los hijos a través del ejemplo de los padres. Según señala, los principios de la convivencia resultan fundamentales para educar en dicho sentido.

Dar las gracias con amabilidad por un favor recibido; valorar una tarea bien hecha; corregir con paciencia un error; pasar por alto el mal humor de un miembro del hogar; ofrecer disculpas con humildad, ayudan a niños (as) y adolescentes a descubrir los valores del agradecimiento, la paciencia o el perdón, con mayor eficacia que mil discursos.

No pocos especialistas concuerdan en la necesidad de hacer frente a los sutiles “enemigos” que nos hacen perder las referencias del buen comportamiento. Es en la casa donde primero debemos ayudar a los pequeños a discernir y corregir a tiempo sentimientos negativos como la envidia, la mentira, la pereza, la superficialidad, el egocentrismo y ponderar categorías edificantes como la gratuidad y la responsabilidad.

Si aspiramos a tener una sociedad sana, compuesta por hombres y mujeres honrados, respetuosos, amables, esforzados, solidarios…no podemos soslayar el cultivo de los principios éticos, esos que harán posible una convivencia armoniosa. Pero no olvides que tales valores han de hallarse y vivirse en ti para que puedan ser transmitidos a los retoños de la sociedad.

 

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