Magalys Roche Brito: una rusa en campos cubanos


Alexis PIRE ROJAS y Yudith MADRAZO SOSA

La encontramos en aquella volanta… Y posó para las fotos sin reparos, sin DSC_5966arreglarse o pedir un creyón. Así, al natural, salió un instante de la rutina diaria dispuesta a enseñarnos un pedazo de su historia.

Parece rusa… Conserva una de esas pieles donde el sol suele entrar como Pedro por su casa. Y rubia, de las que no necesitan tinte. Algunas arrugas están de más, no encajan en los 52 años de Magalys Roche Brito. Pero el paso del tiempo en su vida no ha sido coser y cantar.

“A los diez años ya iba con mi papá hasta el campo y lo ayudaba a guataquear o a cualquier cosa que le hiciera falta. Desde niña ya sabía de los sacrificios de esas labores”.

En su cuerpo afloran las huellas del trabajo, ¡del trabajo duro! Hasta nos enseñó las cicatrices en uno de los codos producida por el tarro de una vaca en su codo. Y otros tantos golpes que quizás, por comunes, ella no recuerde o por pudor prefiera olvidar.

“A mí ninguna tarea me cuesta. Por eso no paso necesidades en esta vida, sé hacer de todo…”

Cuando algunos gallos aún duermen, el reloj de Magalys suena a las cinco de la mañana y no nos parece que remolonee mucho, tal vez duerma con un ojo abierto y otro cerrado, y a cada rato encienda la única emisora que oye: Radio Reloj, para asegurarse de no extender el descanso.

“Cada día voy a ordeñar mis vacas bien temprano, luego, yo misma, en mi volanta, llevo la leche hasta la bodega y al termo donde se almacena la de la industria”.

Uno de los mayores giros en su vida fue cuando se asoció a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antonio Maceo, en Santa Isabel de las Lajas, y recibió una caballería en usufructo mediante el Decreto Ley 259. Entonces vio los cielos abiertos, y los bolsillos también…

“Ahora es más sacrificio, pero vale la pena. Soy independiente, gano mi propio dinero. Así me siento más útil… Allí tengo mis vacas, y siembro yuca de autoconsumo, también cultivo algo de arroz. Mi esposo y yo trabajamos en el campo, pero ese pedazo es mío, no tengo que depender de él”.

Los propios baches la llevan a mirar las relaciones interpersonales desde otro ángulo. Y es que convivir en una cooperativa donde abundan las mujeres la empapan de los temas relacionados con la igualdad de géneros y la ayudan a desterrar los estigmas.

“No existe ninguna diferencia entre nosotras y los hombres. A veces ellos piensan que somos esclavas. Es necesario que las mujeres se impongan si quieren lograr algo en la vida. Además hemos demostrado que somos capaces de hacer labores fuertes sin dejar de ser femeninas. Todavía quedan muchas cosas por hacer en ese tema, pero bueno, vamos aprendiendo con las experiencias.

Es de esas mujeres que han podido salir del “Hazme esto, hazme lo otro”… Lleva 30 años junto a su esposo, a quien ama y respeta. Y ha buscado las brechas para buscar autonomía. “Voy a las actividades de la cooperativa, tengo mis libertades…”.

Según cuenta, sus hijos quieren que descanse un poco, para no estropear su salud, pero… “Me siento con mucha fuerza. Mira, por ejemplo, el otro día cuando llegué a la casa después de una actividad de la CCS, me cambié de ropa y fui a cortar arroz debajo de la lluvia, después cogí para la casa a  buscar mis terneros y vacas y a echarles comida. Eso es todos los días, a veces, los domingos no tengo ni tiempo de ver Palmas y Cañas.

“No le tengo miedo ni a la lluvia, ni al mal tiempo, ni a nada, pero me cuido. Como tengo una piel tan blanca trato siempre de usar gorra, camisa manga larga y pantalones. Hoy ando en short porque todos los pantalones están sucios”.

La piel parece desprenderse en esos lugares donde el sol pudo colarse y cualquier desaliño encuentra justificación en las tantas horas de trabajo. Mas, los tropiezos no exilian la sonrisa y seguramente alguien quiera esos ojos verdeazules para una revista, pero pertenecen a ella como resultado de esos rasgos que la acercan a Europa.

No debe saber mucho sobre ese continente, aunque a lo mejor tuvo algún antepasado por allá. Seguramente las rutinas no la dejan pensar en esas “musarañas”. Es mejor el campo… Ahora mismo la imaginamos, esta vez con pantalones, ya saben porqué, recorriendo el Consejo Popular de Balboa en su volanta, llevando la leche, llevando esto, lo otro, llevando… Ahí está su esencia. Ese es su avión…

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