Cuando la tenacidad alumbra la noche larga de los ojos


By Yudith MADRAZO SOSA

Hay personas que perciben el mundo de manera diferente. No les asiste el IMGP5161sentido de la visión, pero se aferran a la tenacidad, la persistencia, cual instrumentos eficaces para alumbrar la larga noche de sus ojos.

Nélida Piñeiro Espino se cuenta entre esos hombres y mujeres cuya existencia representa un canto a la voluntad por abrirse paso en medio de circunstancias especiales. Aquejada de glaucoma congénita, no guarda memoria de los colores y las imágenes que de muy pequeña veía. La enfermedad fue opacando su mirada hasta dejarla totalmente ciega. Ahora, otros mecanismos le sirven de asidero para apropiarse del cosmos e interactuar con él.

Bibliotecaria, psicóloga, promotora cultural, delegada directa al VII Congreso de la Asociación Nacional del Ciego (ANCI), resultan cartas de presentación para esta cienfueguera, residente en el poblado aguadense de Covadonga. Ella  conoce del esfuerzo, el tesón necesarios para llevar adelante la vida cuando se presenta una discapacidad visual.

Nació en Aserradero, una zona intrincada de esa localidad, en una época en que a la gente de campo, debido a la lejanía y otros factores, se le dificultaba el acceso a los centros destinados a la Educación Especial. Por tal razón, llegó al primer grado siete años después de lo establecido y en lo adelante fue siempre “la mayorcita” entre los niños, las niñas y los adolescente con quienes compartió espacio.

¿Tuvo algún inconveniente durante su etapa de estudiante para comprender las clases, estudiar…?

“Siempre existen obstáculos a enfrentar, pues necesitamos hacer un poco más de esfuerzo. Algunos profesores de la enseñanza general no están preparados para instruir a las personas ciegas, pero me fui adaptando al medio. Tuve la ayuda de muchísimos maestros. Me apoyaron, me dedicaron su tiempo libre, me dieron más atención y, gracias a eso, pude sacar notas satisfactorias”.

Culminado el preuniversitario, la voluntad de Nélida se puso otra vez a prueba cuando decidió matricular el nivel medio de Bibliotecología. Se estudiaba en la Habana y en aquel momento la escuela no tenía condiciones para asumir a escolares invidentes. Pasado un tiempo, gracias a gestiones de la ANCI, comenzó el curso para trabajadores en la ciudad de Cienfuegos.

“Entonces no había guagua desde Covadonga hasta Cienfuegos los sábados. Debía, por tanto, venir los viernes y quedarme en casa de unos amigos para poder asistir con puntualidad a las clases”, rememora Nélida.

La Sala Especial de la Biblioteca Municipal de Aguada de seguro atesora recuerdos de su bregar por la instalación, donde permaneció durante doce años. ¿Ese empleo inicial significó un paso hacia delante en su autonomía? ¿Qué lecciones obtuvo de él?

“Extraje muchas experiencias, vivencias nuevas. Fue en ese tiempo cuando comencé a salir sola. Antes siempre mi mamá, mi hermana u otro familiar viajaban conmigo. Me trasladaba de Covadonga a Aguada, y no era fácil. Aunque ya yo había transitado por el centro de rehabilitación, enfrentar la calle, los obstáculos, las situaciones habituales, me infundía un poco de miedo. Sin embargo, sabía que era necesario afrontar esa realidad, mientras más preparada yo estuviese, mejor podría encarar la vida. Con el trabajo, poco a poco me fui desenvolviendo. Aprendí mucho de mis compañeros, también de los asociados, a quienes ayudaba a rehabilitar…”

¿Cómo surgió la idea de estudiar Psicología?

“Había acariciado ese sueño durante largo tiempo, pero al terminar el pre no pude hacer pruebas de ingreso debido a una situación de enfermedad. Cuando ya llevaba seis años de labor, comenzó la ‘municipalización’. Por ser bibliotecaria solamente podía matricular en Estudios Socioculturales, y lo hice, pero vencido el primer año pude cambiarme para Psicología.

“Ahora me desempeño en el Policlínico de Antonio Sánchez, en el área de Educación para la Salud. Es una labor muy bonita, hago promoción de salud en toda la comunidad. En ocasiones resulta peligroso el acceso a los lugares, debido al mal estado de las calles. No obstante, cuando necesito salir a supervisar consultorios o a hacer visitas, mis compañeros me ayudan”.

¿Qué le ha aportado esta función, el contacto con otra gente?

“Me ha brindado ánimos y deseos de continuar, porque a veces la propia discapacidad te hace bajar la autoestima, o te infunde cierta tristeza debido a las situaciones que se presentan. Tener la posibilidad de hacer algo por los demás y contribuir a que salgan adelante, nos regocija, constituye un logro. Ser útil nos hace sentir más fuertes. Cuando cuentan conmigo para determinada tarea…eso, pues, me pone feliz”.

¿Y cuál ha sido la mayor barrera?

“Veo como una dificultad grande, no solo para mí sino para quienes presentan alguna limitación, cómo todavía la sociedad no está sensibilizada con esas diferencias. Por lo general, no nos toman en cuenta en el nivel intelectual, a la hora de dirigirse a nosotros nos minimizan, nos ponen menos tareas porque nos creen incapaces de emprenderlas. En la vida amorosa, por ejemplo, los videntes nos consideran una carga, piensan que la mujer ciega no puede realizar las labores del hogar como lo haría otra. Creo esas son las mayores dificultades a enfrentar por los y las invidentes a la hora de encarar nuestro destino. Realmente tenemos voluntad y deseos de vivir y eso nos lleva a emprender grandes cosas”.

En su opinión, ¿la mujer ciega sufre una doble discriminación, por causa del género y por su discapacidad?

“Sí. Digamos, cuando un  hombre se enamora de una muchacha invidente, la familia le dice: ‘pero estás loco, cómo te vas a enamorar de una joven así, con tantas otras que hay’. Esos prejuicios todavía existen, incluso entre nosotros mismos. A menudo las personas con baja visión rechazan o se sienten superiores a los ciegos totales”.

Tales percepciones, sin embargo, no llegan a apartar de Nélida la sonrisa, aun cuando alguna vez la incomprensión o el dolor hayan nublado sus ojos. Cuenta con el amor de la familia, los amigos. Y cuenta también con su optimismo. No renuncia con facilidad a los sueños, la perseverancia representa un rango distintivo de su personalidad. “Trato siempre de infundir a los demás alegría, ánimos y lucho con fuerzas por conseguir cuanto deseo”, argumenta.

Apasionada por la lectura, se declara una romántica sin remedio.Tiene a José Ángel Buesa y a Dulce María Loynaz entre sus poetas preferidos. Escribe cuentos, poemas, monólogos. Ha participado en diferentes eventos literarios con resultados sobresalientes. En la última edición del Concurso Aníbal Barrera obtuvo Premio por el monólogo “No existen rosas sin espinas”, donde aborda el tema de la familia y la discapacidad.

Nélida prefiere interactuar con personas optimistas, asertivas, honestas, dadas a la conversación edificante. Esas que imprimen esperanza, deshacen estorbos y abren puertas a la inclusión, pues ven en la discapacidad solo una forma distinta de asumir la individualidad.

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