Arrugas de más (I parte)


Yudith Madrazo y Alexis Pire

IMGP5524   Hace varios años la  mente salió del cuerpo, y en su lugar, habitan ideas dispersas, incoherentes… Los pasos entraron al conteo regresivo hasta quedarse en cero y ahora sobran los dedos para contar los movimientos. Hace algún tiempo las manos no llevan la cuchara a la boca, que ni siquiera reconoce sus manjares preferidos.

Poco a poco desfallecen las fuerzas, tanto, que ya no logra balancearse en el sillón. Otras manos la mecen, otras manos recorren sus arrugas aunque ella no lo advierte. Tal vez sí, tal vez reconoce que esas manos también están cansadas de batirse entre el desgaste y el cariño, entre la escasez y las responsabilidades. Esas manos cuidadoras en ocasiones van a la cabeza y… “¡no puedo más…!”. Entonces es mejor desahogarse.

“A partir de 2008 mi vida dio un vuelco. Mi mamá se fracturó una cadera, y ya presentaba fractura anterior de pelvis, húmero y muñeca. A ello se suma un padecimiento de diverticulitis que provoca crisis diarreica. Luego vino la demencia, y desde ahí, el problema comenzó a agudizarse cada vez más… Tiene 90 años, ya no habla, no conoce a nadie, se alimenta por reflejos”.

Ante tal panorama, Eduardo Luzárraga Tejada estira el tiempo, lo extiende hasta ver si le alcanza, al menos, para dedicarse al trabajo. Dirige la sede universitaria en el municipio de Palmira, en Cienfuegos, e imparte clases de Física, pero tales menesteres se quedan en miniatura, cuando los compara con el cuidado de su madre. “Mi hijo de 25 años me ayuda, sobre todo a manipularla… Se priva de muchas fiestas, diversiones lógicas en los jóvenes. A veces me dice: “despreocúpate; yo me quedo con mi abuela”.

Y no solo este muchacho se encarama años encima para la atención a un anciano. Anabel Alfonso Flores, residente en el municipio de Cienfuegos, lleva dos años a la custodia de su abuela. “Tiene dos infartos cerebrales, un epó pulmonar, le pusieron un marcapaso, y con los problemas en el colon a veces no llega ni al baño. Renuncié a mi carrera universitaria, a mi salario, que era muy bueno. Tengo 32 años y no tengo vida propia, y a mí me gusta salir, relacionarme… No podía permitir que fuera mi mamá quien dejara de trabajar, porque lleva 31 años en su mismo puesto y tiene cierto prestigio”.

Pasajes similares abundan en muchísimas casas cubanas. En Cienfuegos levantas una piedra y salen cada vez más testimonios ¡espeluznantes! Las historias certifican varias implicaciones del envejecimiento y los efectos de ese fenómeno demográfico en el sector en edad laboralmente activa. Así, la vida tiende a complicarse en la disyuntiva entre el trabajo y el anciano.

¿COLGAR LOS GUANTES?

Definitivamente esa no es la mejor postura cuando hace falta el salario, bajo, pero necesario. ¿Conviene al país que muchos trabajadores cuelguen los guantes en materia laboral? Tantas bajas, a la postre, coarta los cimientos de la plataforma productiva en el orden económico y social.

La Doctora en Ciencias Pedagógicas Alina García Puerto, enfrenta una situación similar con su madre, quien dejó de conocerla desde hace algún tiempo, ya no controla sus deseos de orinar… “Además de cuanto acarrea enfrentarse a la custodia del anciano, tenemos que lidiar con el trabajo, pues no podemos dejarlo, ¡imagínate! debemos subsistir. Una alternativa es la búsqueda de una cuidadora, pero ya no encuentras esas personas fácilmente, ni es tan barato: eso de pagarle 300 pesos es un cuento, por menos de 500 nadie cuida a un viejo ocho horas de lunes a viernes”.

Precisamente las cuidadoras constituyen uno de los indicadores esenciales, y a su vez, controversiales del asunto. Significa confiarle las llaves de la casa a otra persona, que con defectos y virtudes, debe asumir al anciano. Al decir de Eduardo Luzárraga, lo más fácil es pagarle. “Lo difícil es encontrar a la persona diestra en esos asuntos y garantizarle comodidades. Tengo suerte, porque la mía quiere a mi mamá, y eso es lo más importante; pero es diabética, entonces tengo que facilitarle las condiciones según su enfermedad”.

Sobre esos quehaceres conoce bien Elizabeth Hernández López, quien vive en el municipio de Lajas, y luego de jubilarse entró a uno de esos hogares ajenos a cuidar unos abuelos. De esa manera encuentra otra fuente de ingresos monetarios. “Significa una gran responsabilidad. Los viejitos son muy caprichosos y constantemente debemos estar pendientes de ellos. Hay que ser familia, enfermera, ocuparse de la casa…”

Como es lógico, no abundan las personas dispuestas a cargar con semejante compromiso por una baja cuantía. Por suerte, Elizabeth se incluye entre las únicas en la provincia con 335 pesos de chequera por parte del sistema de Asistencia Social. Esa constituye la vía añorada por quienes conviven con el anciano, pero no hay para todo el mundo, o mejor dicho, hay para muy pocos.

De acuerdo con Margarita Suárez Martínez, jefa de departamento de Asistencia Social a nivel provincial, “en el territorio solo existen tres casos con asistencia social a domicilio, y se le brinda a adultos mayores que vivan solos, encamados o con movilidad restringida. Así lo establece la Ley 105 de Trabajo y Seguridad Social. De lo contrario, los familiares tienen que buscar a alguien y, dentro de sus posibilidades, pagarle”.

Sin embargo, existen quienes, aún trabajando ¡y profesionales!, no pueden asumir esos gastos con sus salarios irrisorios. Algunos afectados sueñan con el aliciente de colarse entre las excepciones, que según la legislación, incluye, por ejemplo, “a los trabajadores cuya responsabilidad laboral resulta relevante para el desarrollo económico, científico y social del país”. Esos trámites tienen lugar a nivel de ministerio. ¡Un embrollo mayor, mas, esperanzador para los escasos favorecidos!

Visto el panorama, con el incremento del envejecimiento poblacional las posibilidades comienzan a cerrarse tanto como el hueco de la aguja. El pelotón de afectados sigue nutriéndose, y… ¿entonces?, ¿qué ocurrirá cuando tantas excepciones se conviertan en regla? “Por eso digo que la ley se queda súper ¡súper! restringida. Además, las estrategias del país aún son muy lentas para un problema que no es mañana, es hoy”, comentó la Doctora Alina García.

El proceso transita de un dilema en otro, porque incluso con la aprobación de una cuidadora con chequera, el familiar debe buscar a la persona porque no existe ningún mecanismo, ni lugar, ni estructura, ni institución donde pueda encontrarse el personal capacitado para esa labor. Quizás debieron enrumbarse por ese camino los incontables trabajadores sociales que formamos —con bastantes recursos— hace unos años.

Sin embargo, hoy se restringe el servicio de las cuidadoras con chequera a diferencia de un tiempo atrás cuando existía mayor bonanza en este sentido. Así lo testifica Marlén Tejeda Clemente, jefa del Departamento de Asistencia Social en Área de Salud número 2, quien, “para variar”, también tiene a su mamá encamada. “A mi entender debería volver aquella etapa donde abundaban las cuidadoras por el Estado. Aunque, ¡fíjate!, hubo problemas con eso, porque algunos tenían ese servicio sin necesitarlo, pero bueno, para eso existen las investigaciones socioeconómicas”.

Como en muchas ocasiones, hemos ido de Plutón a Mercurio, del blanco al negro… y de esa manera la tuerca suele apretarse, justo cuando el envejecimiento anda demasiado a prisa. Ahora bien, tales alternativas no deben utilizarse para desentenderse del anciano (como ocurría), ni tampoco el Estado ha de suplir las necesidades de cada uno de los casos, pero sí deben hilvanarse otras variantes en pos de diversificar las oportunidades.

En fin, entre las fisuras sociales y económicas y las arrugas del cansancio, comienzan a caer los años a raudales y con ello ha de prenderse la alarma en el sistema de salud, pues por ahí deben germinar muchas de las posibles iniciativas que sanen las grietas de este fenómeno.

¿AL FINAL DEL TÚNEL?

Las cuidadoras, junto a otras alternativas comunitarias, representarían la luz al final del túnel de desvelos por donde transita la familia cubana hacia la asistencia a sus abuelos. Pero no se encuentran en cada esquina y es ahí donde duele la insuficiente prestación institucional para encarar el asunto.

De acuerdo con la Dra Belkis Quintana López, jefa del Departamento Provincial de Atención al Adulto Mayor, luego del proceso de regionalización de la Salud, desaparecieron los servicios especializados para la tercera edad que incluía un médico especialista en geriatría o en Medicina General Integral entrenado, enfermera geriátrica, psicólogo y una trabajadora social. “Tenían consultas médicas, de evaluación, domiciliarias…, pero luego de esta trasformación la actividad pasó al médico de la familia”.

¿Cubrirán los consultorios las demandas de la población? Ciertamente, no, pues como afirma Quintana López desde el punto de vista médico constituye un reto el aprender a tratar a los ancianos, conocer sus enfermedades, farmacología. Entonces la atención no es tan exhaustiva.

Resulta un contrasentido retirar el servicio especializado, sobre todo en el caso de Cienfuegos, con un alto potencial para llevarlo a cabo: 23 especialistas en Geriatría y nueve en formación. Peor aun cuando Cuba se cuenta entre las naciones con mayor envejecimiento del continente y las personas con 60 años y más representan el 18,3 por ciento del total de habitantes.

Otra carta en el asunto llevan los servicios comunitarios existentes aquí. Hogares de ancianos, casas de abuelos, un Hospital de Día Geriátrico y otros, todavía no responden a plenitud a las urgencias de la población encanecida.

Y pregúntenle a Alina García Puerto, la testimoniante citada anteriormente, quien manifiesta que, por ejemplo, los hogares de ancianos “no resuelven nuestro problema, son para quienes no tienen familia. Necesitamos un lugar donde dejemos al familiar de lunes a viernes, con un mínimo de comodidades, y tengan un equipo de cuidadoras a su disposición”.

En consonancia con tal valoración, la Dra Quintana López afirma que nuestro país ha asumido tardíamente los servicios de ayuda a las familias con el fin de atender a sus adultos mayores. “Las personas en edad laboralmente activa necesitan casas de abuelos con modalidades para cuidados de ancianos dependientes. Hoy ya se valora crear este tipo de instituciones”.

En tanto, solo resta la espera y en lo que llega la dicha, en no pocos hogares junto al “pan” de cada día se cuecen las mil y una maneras de enfrentar la asistencia a los abuelos, sin perder la cordura en el empeño.

 

 

 

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