Arrugas de más (II parte y final)


IMGP5553 Llega el momento en que las arrugas surcan tanto la piel, que ya no luce como piel. La tez del anciano inmóvil suele desprenderse con apenas un rasguño, un rose… y también suele desprenderse la paciencia de los familiares al quedarse sin opciones. Una vez más los sentimientos permanecen en la encrucijada entre los afectos, la desazón, la espera… Pareciera que llega un respiro cuando aparece la cuidadora ideal, pero no, ni siquiera alcanzan los sacos si pretendemos recoger las piedras que quedan en el camino.

“Escasean las camas fowlers, los colchones, las sillas de ruedas, los botellones de oxígeno y sus reguladores. No existe un lugar donde alquilarlos. No quiero que me los presten ni me los regalen”. Así continúa el largo camino de las desventuras cuando se tiene un anciano postrado en casa. Resulta muy común este caso del abogado José Miguel Corrales Argüelles, quien está a cargo de su tía, que desde hace más de un año no mueve ni un dedo.

Comienzan a caer algunas explicaciones mediante la Dra Belkis Quintana López, jefa del Departamento Provincial de Atención al Adulto Mayor en Cienfuegos, quien argumenta que los medios técnicos trascienden entre las principales debilidades del sistema de Salud, y admite que las mayores dificultades radican en los cilindros de oxígeno y sus reguladores. “Muchos quedan en manos de los usuarios, debido al temor a no encontrarlos después”.

¿Y cuándo aparecerán? Con la misma velocidad que envejece la población en Cuba, crece la demanda de estos medios imprescindibles para quienes transitan la vejez privados del andar y otras habilidades. Todos los implicados reconocen el tema de las carencias ¿Quién ve que de tanto reconocerlo, logramos resolverlo? ¿Quién ve…?

Pero volvemos a la realidad y vemos cómo el cubano se las agencia para colarse por el hueco de la aguja y “luchar” y conseguir… Luego, pudiera pensarse que con la cuidadora, y la oportunidad de adquirir prestados los medios técnicos, ya llega la calma, pero noooo, la cadena de traspiés sigue, incluso, con enrevesamientos mayores que laceran la tranquilidad y estabilidad familiar.

DOS MÁS DOS ES CERO

Llega el momento en que cualquier cuenta llega al cero, porque cuando empiezas a sumar, restar, dividir… el número final resulta hasta negativo, (por debajo de cero). Y es que abundan los gastos para sostener la custodia de un anciano frágil y llega el momento en que ya no queda nada ni en el monedero, ni en la alcancía, ni debajo del colchón, ni encontrándose una botija.

Así lo afirma el profesor Eduardo Luzárraga Tejada, quien, tal como anunciamos en la parte anterior, lleva seis años al cuidado de su mamá, una anciana postrada: “La manutención de este tipo de personas se encarece demasiado, uno tiene que enfrentarse a la oferta y la demanda. En un caldo con dos malangas, dos plátanos, un pedacito de calabaza y uno de carne, se van 40 pesos. ¡Imagínate!”.

Como esa, otras cuentas abundan en las calculadoras de estos cuidadores, pues la alimentación suscita los principales estragos a la economía familiar. “No puede tomar leche, lo más recomendable es el yogurt, y conseguirlo es bien difícil. Un día estaba impartiendo clases de física y vinieron a avisarme: ‘oye Luli, llegó el yogurt a la tienda’, ahí mismo dejé la tiza y fui a resolver mi problema”, contó Luzárraga Tejada.

Otras tantas especificidades juegan su papel en la nutrición de estos ancianos que ni siquiera advierten cuando comen, pero deben hacerlo. La Doctora en Ciencias, Alina García Puerto, comenta que su mamá requiere de comidas diferenciadas para hacerle sus papillas, y todo es muy caro. “Sin embargo, no le dan dieta por la bodega, pues es solo para diabéticos, hipertensos, con problemas estomacales… Ella no tiene ninguno de esos padecimientos, pero sí 85 años y aunque supuestamente está perfecta de salud, carga una gran enfermedad: una demencia que ni a mí me conoce”.

Sobre la misma cuerda marcha el testimonio de José Miguel Corrales, al argumentar que su tía tampoco tiene la dicha-desdicha de tener un diagnóstico que le avale esa posibilidad. “Antes las personas con solo llegar a la vejez tenían garantizada la dieta”. Sí, un día se acabó lo que se daba, ¿llegará el momento en que lo vuelvan a dar? Hace falta, porque estos afectados miran al salario con cierto desmán, pues lo ven apagarse en corto tiempo hasta quedarse en cero cuando aún restan incontables gastos por tachar de la lista.

Todos los testimoniantes, como si hablaran a coro, coinciden en que otro de los traspiés económicos sobreviene al conseguir los medios para mantener la higiene y comodidad del anciano. “También hay que garantizarle los culeros, sábanas, toallas, jabones, talco, hule…”, explica Corrales Argüelles. Entonces, mientras los cálculos rompen la cabeza de los asalariados, alguien susurra que el Estado, de vez en cuando, facilita algunos recursos, mas, todos no lo saben.

MAGIA DE RECURSOS

Como un intento de paliativo, el país provee ciertos bienes en función de traer respiros a intervalos para los familiares. Una de las facilidades —la más estable— consiste en la entrega de dos jabones al mes (uno de lavar y otro de olor), cuyo mecanismo parece más viable, claro, ¡son solo dos jabones!

El embrollo se acentúa con la fantasmagórica venta de culeros desechables en las farmacias, a precios subsidiados, y la inestable entrega de módulos con dos metros de tela antiséptica, uno de hule, una toalla, doce jabones de 69 gramos o 24 de 35. Recursos ideales para atender al encamado, pero que en ocasiones quedan en eso, ¡en ideales!

De esas carencias y “magias” habla Yuliet Guerra Delgado, quien alega que el tema más complicado son los culeros desechables. “Hace dos años mi abuela está postrada y los ha cogido una sola vez en la farmacia; sin embargo, esos mismos los tengo que comprar por la calle a sobreprecio… No los pedimos por comodidad, ni para despreocuparnos, ni dormir un poquito más, sino por la necesidad de mantener la higiene, protegerle las escaras…”

Al indagar sobre los famosos culeros reaparece la expresión archiconocida NO HAY… De acuerdo con Olga Lidia Jiménez León, a cargo del departamento de Asistencia Social en el Área No. 5, “son muy inestables, y cuando entran, no hay para todos los afectados, y debemos darle el frente a los familiares que vienen, a veces exaltados, porque no pueden con un anciano en la casa orinándose, defecando, y ellos sin recursos ni condiciones”.

Según Yolanda Santana Negreira, a cargo de la asistencia social a nivel provincial, “se dan los culeros de acuerdo al listado nominal de las necesidades. Los priorizados son los centenarios, combatientes y ancianos solos”. Entonces en la repartición puede asomar alguna injusticia, disgusto, y es lógico, así sucede cuando la solvencia es casi invisible. Visto el panorama, los pampers también deben alistarse en las prioridades del país en aras de servir a quienes, inmóviles, despiden la vida.

Digamos que un familiar, después de tanto hurgar, correr, “entrar por infanta”, ya tiene cuidadora, medios técnicos, y hasta culeros desechables, mas, ¿llega la tranquilidad? Todavía faltan carreras para el módulo de tela, hule, jabones. Algunos tienen la dicha de recibirlo, como es el caso de Aleida Delgado Lorenzo, trabajadora del sistema de la salud, también la Doctora Alina García Puerto, quien argumenta que lo difícil es entrar en la lista, después fluye mejor.

En cambio, el abogado Corrales Argüelles ni siquiera conocía de susodichos recursos y los necesita sobremanera. Edelma Rodríguez Sosa, especialista de programas especiales en el MINCIN, explica que “los trabajadores sociales y el especialista en genética del policlínico son los encargados del levantamiento de los necesitados. Después esa lista llega a nosotros y hacemos la solicitud”.

De espaldas a tal procedimiento, Corrales Argüelles argumenta que no ha tenido el nivel de información ni orientación adecuadas por parte de la doctora de su consultorio, ni la enfermera, ni del trabajador social, por eso no conoce el “mágico” módulo. Tampoco lo ha visto Anabel Alfonso Flores, y cómo va a obtenerlo si según expresa “hace dos años tengo a mi abuela encamada y no sé del trabajador social ni ha venido nadie a tomarle la presión”.

Quien tiene la dicha de alcanzar el módulo tampoco anda desestresado, pues entra cada seis meses. De acuerdo con la especialista del MINCIN “a veces se atrasa, pero siempre viene dos veces al año”, sin embargo, quienes lo venden en La Escuadra, alegan que lo adquieren solo una vez, en tanto los beneficiados lo ven tan esporádicos que ni llevan la cuenta.

Al asunto le sobran incongruencias, varias versiones de un mismo mecanismo vulneran la comunicación, y entre dejadez y desconocimientos, muchos necesitados no han podido llevar a casa estos medios. No obstante, el mayor infortunio radica en que el país no está preparado logísticamente para encarar el envejecimiento. También súmense los aprietos con el transporte, con los medicamentos de las escaras… En fin, que entre uno y otro traspié, la salud del familiar-cuidador resbala en la punta de la loma y rueda barranco abajo.

“Enfrentamos la vejez de nuestros padres y nuestra propia vejez. No nos alcanza el tiempo para cuidar de nosotros. Significa un desgaste psicológico al ver la depauperación de un ser querido que no te conoce, no reconoce su hogar, ni las pertenencias…, es muy duro, y encima de todo, hay que enfrentar la escasez”, refirió Alina García. En tanto, Eduardo Luzárraga, comenta: “Tengo 62 años, o sea, también soy de la tercera edad, y estoy preocupado, porque dentro de diez o quince años me veo en ese mismo espejo”.

Entonces, volcados al envejecimiento poblacional, evocamos un pasado de bonanzas y otorgamos demasiado protagonismo al futuro cuando el presente exige apresurarse. La realidad duele, y entre tormento y tormento se abre una hendija para reflexionar, y cargar con cierta pesadumbre mientras llega el fin. Y algunos hasta dudan de su capacidad para querer, dudan del cariño…

Muchos intentan no ahogarse en lamentos, aunque es humano quejarse. Esquivan anegarse en lágrimas porque sugiere rendirse… y el camino sigue con intermitencias en materia laboral, con las cuentas en cero, con medios improvisados, prestados o comprados por la izquierda, pero sigue… En espera de la buena voluntad e intenciones, anda a prisa la vida de quienes cuidan, y cuando pase lo inevitable, habrá demasiado cansancio en estas otras arrugas, que hoy están de más.

 

 

 

 

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