Eliseo Diego: brillante artesano de la palabra (+ Vídeo)


eliseo“Adentrándose en las cosas más humildes, en el polvo, en la pobreza misma, la poesía de Eliseo Diego llega a erigirlas. Mas el alma no erige, sino que recoge; no construye, sino que abraza; no fabrica, sino que sueña. Poesía la de Diego, que resulta tan sólo de una simple acción: prestar el alma, la propia y única alma, a las cosas para que ellas se mantengan en un claro orden, para que encuentren la anchura del espacio y el tiempo, todo el tiempo que necesitan para ser y que en la vida no se les concede” .

Conmueven las palabras con que María de Zambrano halaga la obra de Eliseo Diego, escritor y ensayista cubano considerado uno de los más grandes poetas de Latinoamérica.

Bajo el patronímico de Eliseo Julio de Jesús de Diego Fernández-Cuervo, este formidable orfebre de las letras abrió sus ojos al mundo la tarde del 2 de julio de 1920, en Ciudad de la Habana.  Sus primeros nueve años transcurrieron en la finca Villa Berta, construida por su padre, en Arrollo Naranjo, paraje que luego él describiría como “El Paraíso de mi infancia”.

A los ocho años Eliseo ya escribía sus primeros cuentos infantiles y a los 16, aparecía entre los directores del periódico mensual El estudiante, órgano oficial de la Ciudad Escolar La Luz. En ese colegio conoció a Cintio Vitier  y junto a él dirigió y escribió la revista Luz.

Eliseo Diego se contó entre los fundadores de la revista Orígenes, junto a Cintio, Fina Garcia Marruz, Gastón Baquero, Virgilio Piñera, entre otros. Su talento rutiló en las traducciones y versiones que realizó de las principales figuras de la literatura infantil universal, así como en las numerosas conferencias que impartió en diversas universidades del orbe.

En su prolífero caudal literario afloran obras como: En las oscuras manos del olvido, Divertimentos, En la Calzada de Jesús del Monte, Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña, Versiones, Noticias de la Quimera, A través de mi espejo, Soñar despierto, Libro de quizás y de quién sabe, Conversación con los difuntos y Poemas al margen.

El destacado escritor obtuvo, en 1986, el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra y recibió en 1988 y 1989, sucesivamente, el Premio de la Crítica. En 1992 la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, le otorgó el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibió el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, tras la decisión unánime del jurado.

De acuerdo con Cintio Vitier, la mayor virtud de este autor cubano radicó en “no haberse envanecido nunca de sus méritos, y haberse declarado siempre un simple artesano de la palabra, alguien que hace poemas como otros hacen muebles o zapatos, pero eso sí, con la infinita atención, delicadeza y esmero con que debieran trabajar todos los artesanos y todos los hombres”, expresó.

Tal humildad afloró, en cierta ocasión, en las palabras del propio Eliseo al expresar: “Soy, de oficio, poeta, es decir: un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en renglones cortos que se llaman versos. Y lo hago no por vanidad o por el deseo de brillar, o qué sé yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”.

Así trasciende, como el hombre imprescindible que fue, sencillo y vital, para la Literatura de Cuba y Latinoamérica.

 

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