Una mujer de muchas luces


No pocas personas la buscan. Llegan a ella con la esperanza Irinade que su pericia les devuelva el sueño, la tranquilidad o, al menos, acorte el tiempo, mitigue la gravedad de la pena. Saben que tras su apariencia delicada y comedida, Irina Ruiz Varas arropa a una profesional competente e infatigable.

Abogada desde hace más de una década, la joven mujer nacida, criada y residente en el municipio de Rodas responde afirmativamente a la solicitud de una entrevista. El patio de la redacción del “Cinco” se convierte, así, en el escenario de una charla durante la cual hace gala de un verbo fluido y las dotes de excelente conversadora. Frase tras frase, descorre las cortinas de la intimidad para mostrar a los lectores un poco de sí.

Quizás no recuerde el momento exacto cuando decidió prepararse para llevar una toga, pues confiesa haber tenido siempre cierta inclinación natural hacia la justicia. “De pequeña me gustaron las actividades asociadas al histrionismo, al cómo tener un papel protagónicoy cuando ya estaba en el preuniversitario elegí esta carrera, pues daba la posibilidad de un perfil profesional amplio. Desde que me gradué trabajo en Bufetes, porque este campo implica mucho dinamismo y durante la juventud es cuando más se tiene. Ya son doce años de desempeño como abogada, atendiendo diferentes materias”, expresa.

¿Te interesaría incursionar en otras ramas?

“Sí. De hecho, lo hago en virtud de la superación profesional. Aunque cursé la especialidad de Derecho Civil y Patrimonial de Familia, también me gusta sobremanera el ámbito penal. He realizado procesos penales, económicos, laborales. Recientemente cursé un Diplomado en Derecho Mercantil y en la actualidad realizo una pasantía en el Bufete de Casación, en la Habana, lo cual me da la posibilidad de ampliar el espectro de conocimientos”.

Es decir ¿ves en la superación constante una necesidad?

“Sí. La legislación vigente es profusa y me parece imposible dominar todas las normas, la información en ese sentido resulta muy densa y cambiante. La vida es así, rica y diversa, y hacia ahí debe ir el Derecho. Las últimas transformaciones económicas del país nos impone el reto de la autopreparación permanente en todos los ámbitos del saber”.

¿Dónde radican, entonces, los principales desafíos de tu profesión?

“Pasan siempre por la interrelación que has de lograr con los clientes. No podemos perder la perspectiva de que representamos los intereses de un sujeto con determinada interpretación del conflicto en el cual está involucrado. Para mí es un reto lograr que comprenda hasta dónde llega su derecho y dónde comienza el ajeno.

“También se nos presenta el duro desafío de lidiar con los intereses de las partes contrarias, lo cual requiere de un gran rigor profesional para conservar la ética y el trato adecuado con la contraparte, el cliente, los jueces y fiscales en los procesos penales”.

¿Y las mayores satisfacciones?

“Están dadas por lo que podemos lograr en favor de las demás personas. Resulta agradable ver cómo las horas dedicadas al estudio en función de la solución del conflicto, el tiempo destinado al cliente, a la búsqueda de materiales de prueba, tributan hacia la satisfacción de sus solicitudes”.

Irina no es tan solo la jurista a la cual muchos acuden en su territorio, o aquella que han podido ver en programas televisivos nacionales (Al Derecho) y locales (Con todos los acentos). Viaja por la docencia, asesora tesis…Tales quehaceres rinden también buenos frutos, colgados de un árbol con raíces familiares. “Tengo una vocación especial por el magisterio, pues mi abuela fue maestra y mi juego preferido de niña era dar clases. Me siento cómoda en este ejercicio, he impartido diferentes materias y lo disfruto muchísimo”, asegura.

La laboriosidad de esta abogada no termina ahí. Su nombre puede encontrarse en los catálogos de la literatura especializada del país, pues ya cuenta con dos libros publicados, cuyo contenido va dirigido a la educación jurídica de la población.

“Los textos responden al proyecto ‘El Derecho al alcance de todos’. Son comentarios a normas jurídicas, pero con un lenguaje ameno, sencillo, porque muchas veces el ciudadano común no comprende la terminología utilizada en nuestra especialidad. Los libros fueron sobre el Código Civil y la Ley General de la Vivienda”, comenta.

¿Se requieren cualidades especiales para ejercer abogacía?

“No tanto cualidades como conocimientos y habilidades. La sociedad ve al abogado como una persona de luces, capaz de dominar aspectos generales de la vida aun cuando no esté relacionado con la Ley. Por tanto, precisa la habilidad de la comunicación. También necesita destrezas para la interpretación de los procesos, los fenómenos, la Ley. Además, exige otras cuestiones relacionadas con la moral, la ética, la proyección social y profesional… Lo demás puede perfilarse por el camino”.

Según tu parecer, ¿a qué se debe la “feminización” del sector en el país?

“Casi siempre las muchachas son más dadas a estudiar carreras de Ciencias Sociales, quizás por el componente psicológico. También se da el hecho de que en los preuniversitarios ellas están más interesadas que los varones en continuar hacia la enseñanza universitaria…no le atribuyo al fenómeno ninguna otra causa particular”.

El hecho de vivir y trabajar en un municipio ¿representa una suerte de fatalismo geográfico para el desarrollo profesional?

“Sí. A mí comenzó por afectarme cuando en mi primera juventud quise perfilarme por el estudio artístico, debido al lugar donde vivía…Ya en el ámbito de mi carrera lo veo porque en la cabecera provincial se suscitan conflictos de mayor envergadura, se realizan mucho más trámites y eso exige un mayor nivel de preparación.

“Pero a los efectos de qué puedo hacer a título individual, no siento el fatalismo por vivir en Rodas. Eso no me ha imposibilitado participar en más de 15 congresos, incontables eventos nacionales e internacionales, publicar, hacer programas de Televisión… En lo que no depende de mí, si me afecta. Yo tengo un nivel de contratación elevado en el Bufete, pero no de asuntos complejos, porque simplemente no se dan en Rodas”.

Eres casada, con un joven también abogado. ¿Consideras que en Cuba el matrimonio, como institución, está en crisis?

“La modernidad nos ha traído adelantos científicos y tecnológicos, pero a la vez un resquebrajamiento de patrones tradicionales, uno de los cuales es la formalización del matrimonio. Ya no se le ven virtudes, la población entiende que no hace falta y carece de motivación. Se ha perdido el sentido de la belleza y la formalidad que caracteriza a ese vínculo. Yo por suerte no lo he perdido (ríe) la formalización no cuesta nada y te produce mucho, como la sonrisa, según el poema.

“Sin embargo, quienes se unen de hecho, cuando aparece un conflicto a raíz de la separación pasan por penas dobles, situación que se agudiza si una de las partes fallece y el conflicto es con los herederos; o si antes una de las partes ya estaba casada con anterioridad. Ahí comenzaría una tortuosa cadena de trámites que se podrían ahorrar si las personas entendieran la necesidad de adoptar legalmente lo que de hecho se hace en la vida”.

¿Tienes hijos?

“Aún no…quisiera tenerlos muy pronto… ¡imagínate, ya tengo 34 años! Pero no he sacrificado la maternidad, solo la he postergado. Disfruto tanto lo realizado hasta hoy, que ha valido la pena”.

A lo largo del diálogo, hace alusión a la abuela una y otra vez. Ella -nos dice- representa un modelo a seguir. “Bebí de su empirismo en la docencia, de sus valores. Es la persona que más se alegra de mis resultados, más que yo (otra vez sonríe) y eso me hace feliz”, asevera.

Reconocida recientemente por la Unión de Juristas, para la joven abogada la educación jurídica de los cubanos representa un imperativo al cual pueden contribuir en gran medida los medios de comunicación.

Similar a otras mujeres, encuentra en el Corte y Costura solaz y al mismo tiempo el modo de prolongar una vieja tradición familiar. Quienes la conocieron durante la infancia y adolescencia, o compartieron con ella los predios universitarios, podrán atestiguar de su gusto por la declamación y el baile, o sus impulsos literarios, los cuales cobran cuerpo en la poesía.

Los minutos corren y en cada segmento de conversación aflora el desvelo de Irina por su trabajo. “Si estuviera precisada a buscar una virtud en mí, sería esa. A veces sacrifico tiempos de ocio y descanso, aun cuando los necesite, porque no me gusta dejar para después lo que tengo pendiente. Creo que poner empeño en cuanto hacemos, sentirnos a gusto, trabajar sin segundos intereses, es lo que más me identifica”, declara.

One thought on “Una mujer de muchas luces

  1. Saludos Yudith, debo estar emparentado con ella a través de mi tronco materno, donde figura el apellido Varas (de Rodas y Cienfuegos). ¿Conoces el nombre de su madre?

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