“Voy a morir en uno de esos surcos de caña”


IMGP5875 (2) Hasta el fin del mundo hubiésemos ido a buscarla, de hecho, casi llegamos al fin del mundo mientras desandábamos los terraplenes que conducen a El Naranjo, comunidad perteneciente al Consejo Popular de Charca, en Abreus.

Después de un buen tramo sobre cuatro ruedas, nos esperaba otro trayecto literalmente con los pies en la tierra, esquivando el fango y las cortaduras con las hojas de la caña, que según dicen, son ¡de anjá!

Las manos, curveadas, rodean la boca y… Bertaaaa, Bertaaaa, Bertaaaaa… Allí ha de estar, en medio de los campos abarrotados de la gramínea, pero, ¿dónde?… Bertaaaa, Bertaaaa… En una encrucijada debimos elegir entre dos sendas, y luego de decidirnos por la equivocada —detalle que supimos después— comenzó el camina, requetecamina y la vista no advertía indicios de ninguna mujer, tampoco había a quién preguntar, en fin, Bertaaaaa, Bertaaaaaa, Bertaaaaa…Resignados, incluso medio cabizbajos, solo restaba la retirada, y la grabadora —desprovista del testimonio— otra vez al bolso. Hasta que… “Espera, entre aquellos hombres parece venir una mujer”, dijo alguien. Sí, ellas usan el sombrero así: hundido en la cabeza. Tiene que ser ella, ¡de todas todas! Cuando salió de la guardarraya cayó la certeza con el peso del alivio.

Caramba Berta, hemos venido hasta aquí a verla a usted.

“Sí, ¿y eso? ¿Quiénes son ustedes?”.

Es una guajira de libros, desde la voz medio chillona y cantada, hasta el porte y vestuario. Sin aliño alguno, encaja bastante bien en sus 53 años, más aún al tener en cuenta que desde los 32 intima con el campo, y no en el tití con las gallinas, ni la hierba a los conejos, sino con machete o guataca en mano, un saco al hombro y monte adentro a batir las crudezas de la agricultura.

“Oye, pero yo soy un poco bruta pa’ hablar”.

Algo de eso nos han dicho, pero no se preocupe, vamos a conversar… Antes de incorporarte a la agricultura, eras ama de casa, me imagino haya sido un giro trascendental en tu vida.

“Uhhh, sí, total. Pa’ empezar te voy a decir que yo soy una señora que me gusta mucho trabajar en el campo. Ahí descubrí cuanto puedo contribuir… Hago trabajos duros: descepar, sembrar, recoger, abrir huecos, chapear, mira ahora ‘mismitico’ estamos chapeando en los cañaverales, quitándole toda la hierba mala”.

Aunque ya en la sombra, la ropa humedecida delata el sudor, que aún corre…

“Me canso, sí, como todo el mundo. Pero al otro día estoy entera y otra vez pa’l campo”.

Pero vive en Guasimal, ¿cómo hace para llegar aquí todos los días?

“Me levanto a las cinco de la mañana, y cuando hay tractor venimos en él, pero casi siempre salimos a pie y recorremos los cuatro o cinco kilómetros que hay desde aquí hasta allá. A esa hora es fácil, lo malo es el regreso por el mediodía. Si hay que venir otra vez por la tarde lo hago, pero generalmente me quedo haciendo las cosas de la casa”.

Bueno, ¿y cuánto gana?

En cada quincena 200 y pico, hay veces que pierdo y cobro menos.

¿Le alcanza?

“Jajajaja, ¡qué clase pregunta!, chico para serte sincera, no me alcanza. En la casa hay que hacer muchas cosas y yo tengo a mi esposo enfermo, era campesino pero ya se retiró. Tengo dos hijas, una es enfermera y la otra fue maestra”.
¿Y la regañan porque trabaja mucho?
“Me dicen que no me martirice tanto con el campo, que me cuide, pero yo les digo que voy a morir en un surco de esos de caña, porque me gusta y mientras tenga fuerzas voy a estar ahí”.

O sea que más que por necesidad, lo hace por darse un gusto.

“Así mismo, me encanta…”

¿Y de dónde nació esa inclinación por la agricultura?

“Eso viene de mi papá a él le encanta y me guió por ese camino. Además, yo soy muy bruta para haber seguido los pasos de mi mamá que era maestra”.

¿Cómo ven las personas a una mujer en el campo?

“Tú sabes, la gente siempre dice muchas cosas. ‘Mira pa’ allá esa mujer en el campo, chapeando, descepando…’ ‘Oye mi’ja si tu puedes trabajar por ahí en las casas, y así no tienes que machucarte tanto’. Pero la gente no entiende que yo soy así”.

¿Su esposo está de acuerdo con que siga en el campo?

Él no me dice nada, y si me dice está perdí’o jajajajaj…, porque voy a seguir aquí hasta que tenga fuerzas.

¿Y él la ayuda con las cosas de la casa, por ejemplo?

A veces cuando llego me tiene la comida hecha y me ayuda un poco, pero ya te digo, está enfermo. De casi todo me encargo yo: mantener mi casa limpia, lavar…

¿Se cuida usted, teniendo en cuenta que el campo la deteriora bastante?

“Del sol sí, siempre con mis camisas mangas largas, y también para evitar las cortaduras con las hojas de la caña. Yo lo que si como bastante, mejor no te digo cuánto… jajajajaja. Me encanta el arroz con carne de puerco, gallina y con mucha grasa”.

Una de las espectadoras de la entrevista agrega: “a ella lo que le gusta mucho es la harina”.

“Sí, pero la de maíz tierno, la de maíz duro, no jajajajaa”

Desde que la vimos doblar por la guardarraya demolía una guayaba que con algunos mordiscos quedó intacta en su mano mientras conversábamos, porque Berta no habla con la boca llena. ¿Y por lo que vemos en el campo no se muere de hambre?

“Jajajajaja, viste, eso es lo bueno del campo. Esta guayaba me la cogieron mis compañeros, que la verdad, siempre me ayudan mucho”.

Sí claro porque usted es muy bajita y no alcanza

“Así mismo, y mira pa’ ellos que altos son”.

Usted no es de ir mucho al médico ¿o sí?

“De vez en cuando me duelen los huesos, pero pa’ alante, en el campo se me quita. Yo voy poco al médico, solo cuando no me queda más remedio. A veces tengo un dolor y me acuesto por la noche y digo: ‘al otro día estaré bien” y así mismo es, cuando se me pone la sangre caliente con el trabajo se van todos los malestares. Puede que en algún momento me vuelva el dolor, pero el campo me alivia”.

¿Qué más la alivia? ¿Qué le gusta hacer en sus ratos libres?

“Ohhh, yo pongo el radio en mi casa y bailo como una batidora. Eso me encanta, oigo todas las emisoras. También veo el televisor, sobre todo el noticiero”.

¿Y el periódico no lo lee?

“Bueno, para serte sincera, no. Ya te digo, yo soy un poco bruta, nunca me gustó mucho la escuela. Además, para leer tengo que coger los espejuelos, y es muy incómodo”.

Pero esta entrevista sí la tiene que leer.

“¡Síiiiii, claroo! Ese periódico tengo que comprarlo”.

Se va a hacer famosa en Guasimal porque hasta su foto va a salir en el CINCO de Septiembre.

“¿Fooooto? ¡Ay mi madre!”.

Pocas veces escapó la sonrisa, cualquiera pudiera desmembrarse con tanto trabajo; sin embargo, ella es alegre. En muchas oportunidades recalcó su devoción por las labores agropecuarias, las prioriza por encima de sí misma, incluso, nos lo dicen sus uñas, los orificios donde faltan los aretes…

Berta es de esas recompensas que nos otorga el periodismo, por eso valió la pena recorrer tantos kilómetros entre polvo y fango, valió la pena vocearle, esperarla hasta que el antojo del destino nos la pusiera enfrente. La última imagen se resiste a escapar: a paso lento comenzó el peregrinar que en cerca de 5 kilómetros la lleva a casa, no quisimos verla bajo tanto sol, pero, a fin de cuentas, es feliz con su rutina.

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