La vida sin barreras


  Sin necesidad de señalizaciones, ni avisos de prohibición, ciertos entornos dejan claro que sus puertas no dan la bienvenida a todas las personas. Y no se trata quizás de discriminación o menosprecio, sino de un aparente olvido, una omisión inconsciente, del hecho de que el mundo está compuesto por individuos con capacidades diversas.

En Cienfuegos, algunos hombres y mujeres postergan una y otra vez los sueños de recrearse con un espectáculo en el Terry o un juego de béisbol en el Estadio 5 de Septiembre.

Anhelan aplaudir, gritar de emoción, reir y llorar mientras disfrutan de las funciones, mas una fuerza mayor los frena. Presentan una discapacidad físico-motora que los ata a una silla de ruedas para su movilidad y ello les impide acceder a dichos lugares, a los cuales tienen derecho como el resto de la población.

“A fin de que puedan vivir en forma independiente y participar plenamente en todos los aspectos de la vida, los Estados Partes adoptarán medidas pertinentes para asegurar el acceso de las personas con discapacidad, en igualdad de condiciones con las demás, al entorno físico, el transporte, los sistemas y las tecnologías de la información y las comunicaciones, y a otros servicios e instalaciones abiertos al público o de uso público, tanto en zonas urbanas como rurales”, establece el Artículo No.9 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, de Naciones Unidas.

Sin embargo, todavía existen barreras que frenan la realización de esos ideales.

En la opinión de Isvel Trujjillo Yero, presidente de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores (ACLIFIM) en la provincia, la situación de la accesibilidad en el territorio no ha avanzado.

“Los planes no se han podido concretar. Lugares emblemáticos de la ciudad carecen de acceso para los discapacitados. Hay mal seguimiento de los planes y las nuevas construcciones no tienen en cuenta algunas consideraciones como el ancho de las puertas, el paso a niveles alto…

“Para lograr la accesibilidad se necesitan acciones a nivel nacional que posibiliten a las personas con discapacidad vivir con autonomía y disfrutar de todos sus derechos. No se trata de diseñar para limitados, sino de diseñar sin limitaciones, pues muchos hombres y mujeres son discapacitados de forma permanente pero otras pueden presentar una limitación temporal”, argumenta.
Según las Normas Cubanas, la “Accesibilidad es la cualidad del medio físico cuyas condiciones facilitan acceso, desplazamiento y utilización del mismo de manera autónoma por todas las personas o grupo de personas con independencia de sus capacidades motoras, sensoriales o mentales, garantizando salud, bienestar y seguridad durante el curso de las tareas que realiza en dicho medio”.
La existencia de estas regulaciones representa un paso adelante en la atención integral a los discapacitados. El marco promueve ayudas técnicas adecuadas “para evitar y suprimir las barreras y todo tipo de obstáculos físicos y sensoriales que impidan o dificulten el normal desenvolvimiento de personas con movilidad o comunicación reducida o cualquier otra limitación, tengan estas carácter permanente o transitorio”, según establece.

¿Se cumple a plenitud la normativa? ¿La tienen en cuenta inversionistas, proyectistas y ejecutores al concebir nuevas edificaciones? ¿En cuál segmento de la cadena se pierde el eslabón?

“Mi hija tuvo que salir para Canadá sin mi permiso porque yo no puedo acceder a las oficinas de Inmigración y Extranjería. Cuando su mamá le dijo a la oficial que yo estaba esperando afuera, en silla de ruedas, y que por esa razón no podía entrar, ¿qué hizo? Puso en la planilla ‘padre ausente’”, refiere consternado el asociado a la ACLIFIM Arsenio Fuentes Pérez. De sus vivencias, extrae un rosario de frustraciones nacidas del encontronazo con la realidad a la hora de utilizar ciertos espacios.

“¿De qué integración social hablamos cuando me veo obligado a sacarme una muela porque para hacerme una radiografía del diente necesito subir a un segundo piso y me resulta imposible? Yo vi a mi hija bailar en el Terry porque fueron cuatro amigos conmigo y me subieron. En el Estadio 5 de Septiembre queremos ver la pelota ¿dónde? Se planteó lo del elevador, pero no ha habido respuesta….Me juego la vida por las calles porque no puedo subir a las aceras…”, enumera.

Al igual que muchos otros limitados físico-motores, Arsenio se queja de la falta de accesibilidad en centros comerciales, cafeterías, restaurantes, aun cuando la Ley indica que dichos establecimientos han de concebirse de manera tal que sus departamentos y secciones sean utilizables para quienes andan en sillas de ruedas.

“Cuando voy a la cafetería San Carlos o al Mercado Habana, por ejemplo, para entrar necesito tocar a la puerta destinada a nosotros y que alguien desde adentro la abra, es decir, existe y no existe. Otras tiendas nos están vedadas, como la Casa Mimbre y Almacenes Cuba”, manifiesta.

BUENAS INTENCIONES NO BASTAN

Al parecer las buenas intenciones explícitas en las leyes y normas resultan insuficientes para allanar el camino hacia la plena accesibilidad. Escasez de recursos, complejas situaciones arquitectónicas, premura en construir sin tener en cuenta ciertos detalles, constituyen factores que diluyen esa aspiración.

De acuerdo con Reynaldo Pérez Cabrera, director técnico y de desarrollo tecnológico en la Empresa de Diseño e Ingeniería de Cienfuegos, todo boceto debe cumplir con los requisitos de la accesibilidad. “A la hora de esbozar edificaciones hay que tener presente las rampas, barandas, señalizaciones visuales y de marcas en el terreno… Es un tema conocido por todo el mundo, pero no siempre se concreta. Unas veces por problemas con los proyectos, otras por inversión y otras por ejecución.

“Tenemos algunos ejemplos positivos, como el CEA, donde logramos hacer baños para minusválidos, con los muebles sanitarios y el espacio adecuados para ellos, y rampas para el segundo nivel. También cuenta el área de consultas del Hospital Provincial. Allí defendimos un elevador, porque además de los discapacitados llegan personas enfermas, con fracturas, ancianos que casi no pueden caminar…”, refiere el especialista.

Otras construcciones, en cambio, no gozan de esta buena reputación. Tal es el caso de los policlínicos restaurados al calor de la Batalla de Ideas, muchos de los cuales quedaron casi completamente nuevos pero con el viejo problema de la accesibilidad.

Interpelado por los reclamos de la ACLIFIM en lo referente al teatro Terry, Irán Millán Cuétara, Conservador de la Ciudad, aduce la difícil disposición arquitectónica de esa edificación, la cual data de 1890.

“Durante más de 15 ó 20 años se ha estudiado por dónde debe ir una rampa para dar respuesta a la demanda de los discapacitados. El edificio no tiene posibilidades arquitectónicas, estamos analizando la idea de un posible elevador, buscando por dónde pudiese colocarse para resolver el problema. El edificio es muy complicado, pero si la idea procede, estamos dispuestos a aprobarla”, asegura.

Similar dificultad muestra el Estadio 5 de Septiembre, sobre el cual recae otro de los reclamos de los limitados físico-motores. Al decir de Manuel Castellanos Gutiérrez, jefe del departamento de Deportes para Discapacitados en la dirección provincial del INDER, una iniciativa para eliminar la barrera allí era la de habilitar un elevador con un güinche, pero había que certificarlo oficialmente.

“La otra idea era una ranfla entre la escalera y la reja, mas como eso conllevaba una modificación en la estructura de la instalación, se requería de una autorización y todo quedó ahí. Como alternativa, les otorgan espacio en el palco presidencial. No obstante, cuando hay juegos importantes y está lleno, hemos buscado a voluntarios que los suban con las sillas, aunque lo que realmente persiguen es accesibilidad plena a las gradas, autonomía”, expresa Castellanos Gutiérrez.

Según Norge González Enrique, director del INDER, aunque hoy no tienen aprobado el presupuesto para tales proyectos, no les falta la voluntad de insistir e incluirlo en los planes para los próximos años.

Y como, según el viejo refrán, la esperanza es lo último que se pierde, las personas con discapacidad se aferran al empeño y a la perseverancia para hacer realidad las aspiraciones de una vida sin barreras, donde la posibilidad de llegar o hacer uso de todos los espacios sea el barco en el que naveguen por las aguas de la autonomía.

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