alcoholismo

El peor de los refugios


alcoholismo   Aprendió de niño, sin pedir que le enseñaran. Le bastó presenciar las cada vez más frecuentes reuniones del padre con amigos y familiares donde nunca faltaba ella. Poco a poco, fue él también conociendo sus secretos. Se dejó hechizar y le permitió invadir su vida, de tal manera que pronto se convirtió en esclavo suyo y desde entonces fue ella la compañera ideal en toda celebración, la mejor amiga en una partida de dominó. Ella, cuya ausencia no toleraba cuando compartía con vecinos algún trabajo duro… Ella, la botella de ron.

No resulta difícil persistir en el hábito. ¡Tantas personas a su alrededor lo hacen! Vive en un país donde el consumo de alcohol se antoja natural, ligado -según algunos- a la idiosincrasia, a las costumbres, al clima…Creció escuchando que era de buen cubano tomar cerveza, aguardiente, ron…cualquier brebaje que desatara la contentura en una fiesta o en una cena especial.

Por supuesto, el suyo no es un caso aislado o cuestión de unos pocos. Muchos sucumben ante esta toxicomanía y el número se ha extendido tanto y las manifestaciones de la adicción resultan tales que desatan la alarma entre autoridades sanitarias, políticos y otros actores sociales. El alcoholismo constituye uno de los principales problemas de nuestro tiempo y Cuba no está exenta del fenómeno.

Preocupa el hecho de que jóvenes y adolescentes comienzan a consumir dichas sustancias a edades cada vez más tempranas. Con inquietante frecuencia, vemos a grupos de personas acudir a bares o cafeterías, sin importar la hora, dispuestos a acrecentar los ingresos de dichos establecimientos con la adquisición de Bucaneros, Cristales, Bavarias, Caciques, Mayabes, Havana Clubs, Mulatas….en menoscabo de la salud y la economía familiar.

A nadie extraña ya distinguir entre los bebedores a una cifra creciente de mujeres -muchachas o adultas- entregadas como sus pares masculinos al placer efímero de esa práctica, que casi siempre responde a un deseo atávico de euforia y enajenación.

Según estudios, problemas en las relaciones interpersonales junto a las precariedades económicas traducidas en estrés, impaciencia, incertidumbre, representan incentivos para iniciarse en el hábito. “Lo que necesito es una cerveza para olvidarme de todos los problemas”. Familiar la frase, ¿verdad? Porque desde tiempos remotos el ser humano acude a la bebida con el propósito de borrar de la memoria sus penas, errores, debilidades, o cual una manera de sentirse relajado, con menos carga y preocupación, sin percatarse de cómo con esa actitud solo consigue caer en la adicción.

Lo más preocupante, entonces, radica en que debido a su dependencia, el enfermo hará cualquier cosa para conseguir alimentar su hábito, sin importarle herir con sus actos a familiares, amigos e incluso dañarse a sí mismos, como cuando por falta de dinero recurre a bebidas de pésima calidad o a sustitutos engañosos que, en el peor de los casos, le provocan la muerte. Porque el dominio propio es lo primero que pierde cuando se embriaga.

Con razón, el alcoholismo aflora entre los principales condicionantes de numerosos homicidios, accidentes de tránsito, querellas, pleitos, agresiones y otros comportamientos detestables. Sin embargo, poseer tal noción no nos coloca necesariamente en el camino de su enfrentamiento. De poco sirve estar informados sobre sus nefastas consecuencias si como sociedad no intentamos desterrar ciertas prácticas, que si bien no le dan origen sí contribuyen a legitimarlo y perpetuarlo.

Jamás he podido ocultar mi enfado cuando al visitar algún establecimiento comercial constato la ausencia de refrescos y otros comestibles, en contraste con la presencia de grandes cantidades de bebidas alcohólicas; o cuando en un almuerzo oficial –entiéndase promovido por determinada institución en ocasión de cualquier evento- aparece la botella de cerveza o el trago de ron antes del vaso de agua. ¿Acaso no resulta esa una manera de susurrarnos al oído “bebe y olvídate de lo demás”?

De acuerdo con los especialistas, la ingestión de bebidas alcohólicas de forma desmedida paraliza el desarrollo espiritual de  quien consume, pues en lugar de despertar sus habilidades y talentos, o pasar por encima de las preocupaciones del día, busca abrigo en el peor de  los refugios. Pero arriesga, además, la estabilidad emocional y la tranquilidad de una sociedad que se acostumbra a la embriaguez de sus hijos.

 

One thought on “El peor de los refugios

  1. El alcoholismo es eso, una enfermedad. Yo tengo un tío que era casi alcohólico, y la ayuda de TODA la familia lo curó, y nos sentimos porgullosos de ello, porque lo salvamos, ahora es lo que siempre fue sin el alcohol, un excelente ser humano. Si cada familia que tiene este problema lo asumiera como una enfermedad, la sociedad tendría menos alcoholismo. Excelente comentario!!!

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