La Enfermería también se expresa en masculino


Reunión Nacional de enfermería en la Facultad de Ciencias Médicas

Vladimir Barco Díaz sabe de noches en velas, en lidia constante contrala agonía y el dolor. Fue en la adolescencia cuando comenzó una relación de amor con su profesión: la Enfermería y, aunque ese matrimonio supera los 34 años, no resultan pocos los escollos que ha debido sortear en virtud de conducir la nave de su vocación hacia puertos seguros.

¿Cómo surgió en ti la idea de estudiar esa carrera?

“Estando en la Secundaria, médicos y enfermeros fueron captando muchachos para un Círculo de Interés de enfermería. Venían una o dos veces a la semana al policlínico del Área No.2 y con ellos aprendimos a tomar la presión y otras tareas…poco a poco me fue gustando. Hasta ese momento no tenía idea de sobre qué trataba la profesión. No había enfermeros en aquella época; fue entonces cuando por primera vez entraron hombres a la carrera…Así comenzó todo”.

¿Resultó difícil insertarte en una ocupación tradicionalmente femenina?

“Sí. Fue duro enfrentar los prejuicios, incluso, de los propios compañeros de aula, los vecinos… Pero tuve el apoyo de mis padres, quienes habían trabajado en el Hospital Provincial y estaban familiarizados con las labores del personal de la Salud. Y nada, lo asumimos con valentía y todo salió bien”.

Sin dudas, con el paso del tiempo ha aumentado la presencia masculina en el sector. ¿Crees que persistan en la sociedad recelos respecto de los enfermeros?

“No como antes, pero todavía existen. También considero que los medios no hacen todo lo posible por dignificar esta profesión. En algunos programas, se estereotipa la figura del enfermero, al presentarlo casi siempre como el homosexual; en otros, la enfermera no da la mejor imagen: es la promiscua, la irresponsable…”.

Sus palabras llevan el acento de quien ha escogido ejercer una función que cristaliza en el servicio a los demás, en el olvido de las penas propias para acallar las ajenas, en noches de vigilias contra la enfermedad. Llevan el aliento de quien está convencido de que sin valores como el humanismo, la solidaridad, la responsabilidad, resulta imposible ser un buen enfermero o enfermera.

¿Satisfecho?

“Sí, no había otra carrera para mí. Si tuviera que volver a tomar la decisión, sin duda, me decidiría otra vez por esta”.

Su prole, sin embargo, se enrumbó hacia otras direcciones. Ninguno de los dos hijos siguió los pasos de sus padres -médica la madre- en las veredas de la Salud. “Ellos han visto en nosotros el sacrificio que entraña la labor sanitaria y decidieron optar por otras profesiones”, comenta.

Aunque resulta paradójico, existe entre la población la tendencia a menoscabar el papel de la Enfermería. ¿Qué importancia le concedes dentro del sistema de Salud?

“Es primordial. Hay quienes acostumbran a decir que el enfermero es la mano derecha del médico, y eso no nos gusta. Consideramos que el binomio es fundamental. Pero en determinadas circunstancias un enfermo, si tiene un buen enfermero al lado, puede prescindir del médico. Sin embargo, un médico sin enfermero se ve limitado. Algunos mientras estudian aprovechan la estancia que hacen en esta disciplina y aprenden a inyectar, canalizar venas; otros, en cambio, se limitan a diagnosticar e indicar”.

Profesor de Enfermería de Urgencia y Enfermería Médico-quirúrgica en la Filial de la Universidad Médica del territorio, Vladimir incursiona también en la labor científica e investigativa, desempeño que –confiesa- le fascina. Fruto de este quehacer resultó el estudio sobre cómo contribuye la capacitación a la calidad del servicio de cuidado en el Hospital.

Pero no solo pacientes y alumnos en Cuba conocen del amor, la entrega que consagra este cienfueguero a su tarea. En Etiopía habrá quienes recuerden al entonces joven practicante quien, apenas graduado, imprimió conocimiento y pasión al cuidado de los enfermos allá.

Vladimir es un cubano atado con lazos de amor a Cienfuegos, ciudad donde nació y vive y a la cual, asegura, no cambia por ninguna otra en el mundo. Su hoja de servicio por más de tres décadas dignifica la profesión escogida y hace ver, a quienes dudan, que la Enfermería también se expresa en masculino.

 

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