Obama, la primavera y Cuba


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Obama se reunirá con Raúl Castro en La Habana

 

El anuncio el pasado febrero de que el presidente estadounidense Barack Obama visitará a Cuba ha recorrido al mundo para sorpresa de no pocos. Al parecer, el 21 de marzo, por esta vez, no solo señalará el inicio de la estación primaveral, sino también un nuevo hito en la historia de las relaciones entre la nación caribeña y su vecino norteño. Luego de 88 años, el actual será el primer inquilino de la Casa Blanca en venir a la lsla durante su período de mandato y lo hará en circunstancias diferentes a las de su antecesor Calvin Coolidge.

No se han hecho esperar las conjeturas en relación con la futura presencia de Obama en el país. Durante más de medio siglo, las sucesivas administraciones de los Estados Unidos han mantenido con este archipiélago una política de Guerra Fría, cuyo exponente más agresivo radica en el injusto bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington. De ahí que la presencia del saliente mandatario estadounidense añada un interesante y nuevo capítulo al proceso de deshielo iniciado el 17 de diciembre de 2014.

Obama ha reiterado que sus pretensiones de llegar a Cuba persiguen un cambio y representa una mano extendida hacia la Isla vecina, gesto con el cual sella décadas de trato hostil. Con este paso, apenas a un año de decir adiós a la Oficina Oval, el mandatario estadounidense pasará a la historia como el presidente que rompió con medio siglo de discordias y distanciamientos, y abrió un nuevo camino en los vínculos entre ambos países.

Sin embargo, la iniciativa del mandatario norteamericano ha encontrado no pocos detractores, como los senadores Ted Cruz y Marcos Rubio, candidatos republicanos a la presidencia, quienes consideran que la presencia del titular demócrata aquí no hará más que legitimar y afianzar el “sistema represivo cubano”, que según ellos demanda rechazo total.

Otros contrarios a la visita de Obama y su esposa a La Habana este 21 y 22 de marzo alegan que el país caribeño no exhibe aún los “progresos” en materia de derechos humanos y libertades políticas que la Casa Blanca ha demandado como parte de su política de acercamiento y la normalización de las relaciones.

Quienes aplauden la idea, en cambio, ven la llegada del presidente estadounidense a la patria de Martí como una oportunidad para transformar las relaciones de EUA con los países de la región, signada por el rechazo que a lo largo de los años ha provocado la hostilidad de ese país hacia su isla vecina.

En la opinión de Denis Rey, profesor asociado de la Universidad de Tampa y especialista en relaciones internacionales y temas gubernamentales, Obama busca con su viaje una mayor influencia de los Estados Unidos sobre un futuro gobierno cubano posterior a la generación histórica de la Revolución. “Él sabe que el aislamiento continuado no sirve a los intereses norteamericanos a largo plazo. La próxima visita representa un esfuerzo por resaltar el progreso realizado hasta ahora, fomentar la buena voluntad entre los dos gobiernos e intentar hacer irreversibles esos avances”, comentó.

Tal como expresó al “5”, que el proceso de deshielo constituya un hito definitivo depende de las próximas elecciones presidenciales y legislativas. “Un presidente demócrata solidificaría los esfuerzos por una normalización continuada. Un presidente demócrata acompañado de una Cámara de Representantes y un Senado controlado por su partido, casi seguro conducirá al fin del bloqueo de los Estados Unidos hacia Cuba”, añadió el catedrático.

En consonancia con dicha idea, entre las motivaciones para la inminente visita del presidente estadounidense figura la oportunidad de abogar, una vez más, porque el Congreso levante esa política genocida.

De acuerdo con Ben Rhodes, asesor adjunto de Seguridad Nacional de Obama, el inquilino de la Casa Blanca viene a Cuba con el deseo de abrir más oportunidades para que hombres de negocios y visitantes se comprometan con esta nación y los cubanos se beneficien de ese compromiso.

 

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Obama y su comitiva podrán apreciar la belleza y unicidad de La Habana.

Dos días, sabemos, resultan insuficientes para apreciar la realidad de la isla caribeña en su justa dimensión, pero permitirán al mandatario y quienes lo acompañen mirar más de cerca a esta ínsula rebelde, alegre, ingeniosa que, si bien no es el paraíso que algunos de buena fe pintan, tampoco es el infierno que voces malintencionadas insisten en proclamar.

Esta visita, además, dejará a la futura administración norteña el mensaje de que los Estados Unidos pueden (y necesitan so pena de quedar aislados) bajar de su “altura” hemisférica y llevarse bien con los vecinos “de los bajos” (cada vez más integrado al resto de Latinoamérica) sobre la base del respeto a las diferencias.

La primavera es símbolo de renacimiento, renovación, retoño. Por eso, la llegada de Obama a Cuba en el día que señala el comienzo de dicha estación debería significar la reposición de viejos escenarios de confrontación y hostilidad por uno nuevo de armonía e intercambio.

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